Protagonistas

“Si no somos testigos incómodos, no somos periodistas”

La chapa ‘Sin periodistas no hay periodismo’ de la solapa derecha de su chaqueta delata la profesión y el afán de lucha que tiene quien la porta. Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), denuncia con este símbolo no solo la precariedad y el paro en el sector, sino también la escasa independencia que, en ocasiones, tiene el periodismo.

Un informe reciente publicado por el Comité para la Protección de los Periodistas da un dato histórico: 233 periodistas encarcelados este año. González lo enfoca con optimismo. “Donde ocurre más habitualmente es ejerciendo periodismo local en México, Siria o Rusia pero es síntoma de que el periodismo está vivo y es más necesario que nunca. Si no somos testigos incómodos, no somos periodistas”, asevera mientras coloca sus dos teléfonos móviles en la mesa, uno al lado del otro.

En España la profesión no va mucho mejor. “Es el peor año de la historia del periodismo español para los profesionales y los medios pero nos lo veníamos temiendo y trabajando a conciencia”, dice mientras dobla cuidadosamente el sobre del Cola-Cao que se acaba de servir. “Hace cuatro años que empezamos el camino hacia el foso”, añade. Un agüjero con 8.800 puestos de trabajo perdidos en su interior, según datos de la FAPE y que a principios de 2013 alcanzarán los 10.000. Muchos de éstos son nombres veteranos cuyas carreras han acabado y con ellos se ha roto la cadena de aprendizaje. “Es estupendo que haya jóvenes en ruedas de prensa importantes pero requieren un tiempo y precisión para adquirir experiencia y sin profesionales referentes en la redacción, no pueden chupar y aspirar su criterio y forma de actuar”, explica.

Los datos duelen sin embargo no abruman a su presidenta. “Hemos empezado a ver la luz al final del túnel por el cambio estructural del periodismo. Los periodistas nos vamos adaptando a la tecnología. Estamos en una nueva era, estamos siendo artífices y arquitectos de lo que será y empieza a tomar forma”.

Esta forma, Internet, las redes sociales, los medios digitales cambian el soporte y con ello la manera de hacer periodismo. “La periodicidad no existe, no llega ni a 24 horas. Las portadas en Internet envejecen en horas. No dejan reposar las historias, no siguen el hilo de las informaciones. No hay suficiente análisis para saber qué hay detrás y los periodistas de investigación y los corresponsales son los que más están sufriendo esta virulencia porque no se pueden permitir trabajar en un tema varias semanas”, denuncia con vehemencia. Esa falta de tiempo y tempo, añade, también hace que se emitan las notas de prensa tal cual, sin arañar y “es inaceptable”.

Nada de esto, sin embargo, ha logrado transformar los principios básicos de la profesión, según la presidenta. “Rigor, fuentes, contextualización y respeto a la dignidad”, aclara González mientras exige autocrítica. “Hemos utilizado Internet como medio libertario y no libre y es la libertad la que da respeto y los responsables de la ética han primado las audiencias”. Para la presidenta de la FAPE todo tiene límite pero cada uno debe ser consciente de donde está. Casos como los periodistas australianos Mel Greig y Michael Christian, que suplantaron la identidad de la reina Isabel II para saber el estado de la princesa Kate Middleton por su embarazo, han pasado siempre pero recuerda que la línea roja para el rigor, la amenidad y la libertad es muy fina. “Estamos en la frontera entre la ética y la legalidad”. Algo parecido ocurre con la publicidad. “ Cuando el medio se mercantiliza, cuando el interés económico supera la misión de informar, peligra”, concluye esta mujer que, a pesar de su alto cargo, es cercana y envidiablemente amable.

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