Protagonistas

“Un pulso de ingenio, inteligencia y poder”

Ana Wagener, la actriz que interpreta a la funcionaria de prisiones en la obra 'La anarquista'.

En la fachada del Teatro Español, el cartel de ‘Estreno Mundial’ anuncia a qué gran obra de teatro nos enfrentamos: ‘La anarquista’. La actriz Ana Wagener me recibe en su camerino casi igual vestida que Ann, su personaje, pero con una actitud mucho menos rígida y hermética que la que lleva al escenario. Se la nota orgullosa y satisfecha de formar parte de este elenco y en el que tan solo le acompaña Magüi Mira.

Wagener interpreta a una funcionaria de prisiones que tiene la última oportunidad para valorar y decidir si su prisionera (Magüi Mira) miente o realmente reniega del anarquismo y se arrepiente del asesinato que la encarceló 35 años.

En poco más de una hora se vive una intensa reflexión sobre Dios, la libertad y el individuo. “Un pulso de ingenio, inteligencia y poder”, según Wagener. Un diálogo vivo de palabras escogidas cuidadosamente para cada momento y situación que desentraña el carácter y las circunstancias de sus locutoras. “El personaje de Ann, que vive obsesionada con la prisionera, es como una margarita en un desierto y por eso se va de la cárcel. Se siente sola, incomprendida, reprimida y con una angustia incapaz de controlar”, explica la actriz que admite entenderla en algunos casos. En frente de ella, Cathie, “una mujer lista, estudiosa, embaucadora y preparada” que acude con un libro escrito en prisión en el que asegura haberse convertido en una ferviente católica. “Con esto golpea a Ann donde le duele”, cuenta la actriz, que en la obra lleva colgada del cuello una cruz y en la entrevista sustituye por un sencillo colgante.

El dolor, la emoción y la rabia de los personajes los siente el público muy de cerca. Tan solo les separan dos metros. Poca distancia pero mucha más responsabilidad y conmoción. “Da vértigo pero también me excita, sé que la energía que tengo les llega de primera mano a los espectadores, ellos forman parte de la historia y hasta compartes las equivocaciones, es imposible escapar”. Éstas equivocaciones son casi inexistentes e imposibles de percatar.

Tras ocho semanas de ensayo, aun hoy Wagener sigue descubriendo cosas al leer y ensayar el guión con Mira casi todos los días. Admite que la primera vez que lo leyó tan solo entendió el 20% del texto. “No me separo de él, las hojas se caen”. Decenas de páginas desencuadernadas por el uso encima de la mesa del camerino lo corroboran. “La memoria debe estar bien entrenada”. La improvisación tan solo tiene cabida en la emoción, no en el texto. “Es muy preciso lo que se cuenta, he sido muy estricta y prusiana con el guión. Es lo que me protege. Si un día digo explorar en vez de inspeccionar, me repito que tengo que tengo que decirlo bien”, dice sin dudar y adelantándose en el sillón.

La ganadora de un Goya por ‘La Voz Dormida’ no ha recibido asesoramiento de una funcionaria como la que interpreta pero asegura que para meterse en el papel ha visto muchas películas de David Mamet, el guionista de la obra, en las que se pueden entrever patrones parecidos a su personaje, muy distinto a su carácter real pero con el que dice que podría llegar a compartir algunas opiniones que da en ‘La anarquista’. Reflexiones que le provoca el guión cada vez que lo interpreta. Es consciente de la intensidad de la obra y busca esa misma sensación en el espectador. “Me gustaría que saliera tocado, impactado, que le hiciera pensar” concluye orgullosa y entusiasmada.

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