Cuidarse/Para verse mejor

Bar de peinados en tiempo récord

Estoy sentada en un sillón blanco en un ambiente cálido y relajante mientras suena de fondo la canción ‘Girl on fire’ de Alicia Keys. Tengo menos de una hora y necesito comer algo, que me peinen y me maquillen un poco. Estoy en Blow Dry Bar, el primer Bar de Peinados de Madrid que combina peluquería, retoque de maquillaje y un aperitivo con bebida en tan solo 60 minutos. “Nuestra prioridad es la puntualidad, las clientas la valoran mucho”, declara la creadora Ana Ruiz, quien cuida con mimo su filosofía de rapidez, originalidad y relajación hasta en la decoración del local.

Si no fuera porque las butacas están colocadas mirando a las mesas con unos pequeños espejos situados encima de ellas no imaginaríamos que es una peluquería. Secadores, cepillos, horquillas y material de maquillaje están guardados en unos grandes cajones blancos disimulados en el frontal de las mesas. Ana no quería sillas incómodas, luces de colores ni música estridente sino mobiliario blanco que diera tranquilidad. Y lo consigue. Durante el rato que estoy ahí me olvido de las prisas el reloj hasta que Ruiz lo señala cuando terminan de peinarme. “Una hora exacta hemos tardado”, dice con satisfacción.

Blow Dry Bar es un lugar inspirado en la propia experiencia de la dueña. “Llevaba toda mi vida trabajando de comercial preocupada por la imagen y nunca encontraba un sitio en el que me peinaran y me maquillaran en poco tiempo. Siempre había que reservar y no daban nada de comer”, explica sorprendida. Entonces descubrió el Dry Bar de Nueva York y el de California pero en el primero solo peinan, mientras que el otro es solo bar. En el de Madrid lo mezclan todo. “Eso es lo bueno” dice Ruiz convencida.

“Por 30 euros, independientemente de que tengas el pelo corto o largo, peinamos, maquillamos, damos asesoramiento personalizado y ofrecemos un café y snack si es por la mañana o un tentempié y una bebida si es a mediodía”, dice sentada en el sillón blanco situado en una esquina. Ruiz no pierde el sentido de la realidad, admite que se pone constantemente en el lugar de las clientas para saber lo que quieren. Esta empatía la intenta trasladas a sus empleadas, a las que aconseja que vayan a otras peluquerías para ver el negocio desde otro enfoque.

Como cualquier bar, en este también hay menú pero éste cuelga de la pared. Imágenes de peinados que se van sucediendo en unas televisiones. “Hay ondas, rizos, lisos y recogidos que llevan un poco más de tiempo”, explica Ruiz mientras desliza su dedo índice sobre una tableta enseñando los peinados con más detalle. No es el único elemento tecnológico. Ahora aplican reservas online. “Las nativas digitales nos invaden. Tengo a las peluqueras inmersas en las redes sociales también”, dice señalando a las empleadas que manejan un ordenador disimulado dentro de un armario.

Desde mayo, mes en que Ana inauguró su aventura, el innovador proyecto ha evolucionado mucho y admite que el barrio de Salamanca en el que se abrió, le ayudó. “Abrimos en esta zona porque tiene mucho movimiento, vienen las mujeres que viven por aquí, las que van de tiendas y las turistas”, detalla la creadora. “Tienen entre 25 y 50 años y muchas vienen para prepararse para una reunión o entrevista. Son mujeres trabajadoras, no vienen abuelas”, añade sin sorna. Ana Ruiz reconoce que la primera idea que tenía era tan solo peinar. “Ahora incluso hacemos ‘beauty parties’, tintes, cortes y me gustaría crear un salón de trabajos técnicos”, explica con ganas de seguir emprendiendo. “Después de muchos años trabajando en otros sectores, me he dado cuenta de que esto es lo que me gusta”, concluye orgullosa e ilusionada esta emprendedora que no quiere limitarse a hablar de conciliaciones en los negocios femeninos, sino de sueños cumplidos como el suyo.

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