Cuidarse/Para verse mejor

El estigma del cáncer sigue empujando a muchas enfermas a vivirlo solas

La primera vez que a Teresa Clot le detectaron un cáncer de mama, se sorprendió. La segunda no sintió enfado, tristeza, ni siquiera angustia. “Solo tuve sensación de descoloque”, dice al otro lado del teléfono con una voz dulce. Hoy, Día Mundial de la lucha contra el Cáncer recordamos que, como Teresa, 22.000 mujeres cada año sufren esta enfermedad pero la madurez de esta paciente no es tan habitual. Hasta alcanzarla se pasa, normalmente, por diferentes fases psicológicas. “El diagnóstico de un cáncer siempre supone un shock emocional. Al principio suele haber una sensación de irrealidad, como si estuvieran en una pesadilla y luego aparece el miedo”, explica Patrizia Bressanello, psicóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). “Después pueden negar la situación, puede haber un bajón emocional, depresión, rabia, enfadado, hasta que poco a poco se llega a la aceptación de la situación”, añade.

La mesa de Patrizia está limpia y ordenada. Un ordenador, un cuaderno y un teléfono, al que llaman enfermos o familiares que quieren informarse o recibir asesoramiento médico, le bastan. A veces llaman y no saben lo que necesitan, asegura Bressanello, quien con su presencia ya infunde tranquilidad y confianza. “Les explicamos qué van a sentir. Hay que escucharlas para que encuentren un lugar en el que el tiempo no exista y no se sientan solas”, explica la psicóloga, quien destaca la muerte como el principal miedo que tienen las enfermas a pesar de que el 85% se curan. “También hay temor al dolor, a los tratamientos, a sus secuelas, a la pérdida del trabajo y de la rutina diaria y al rechazo social”. Para ayudarles a superarlo, AECC ofrece asesoramiento psicológico y terapia individual o de grupo, en la que enseñan a las afectadas a relajarse, a comunicarse con sus hijos y su pareja.

A pesar de que el de mama representa casi el 30% de los tumores femeninos, aun la información no es del todo clara y el 94% de las enfermas la demandan. La noticia de un pronóstico, sin embargo, es un duro varapalo. “La información debe darse de la manera adecuada. Siempre hay que decir la verdad al paciente pero no es necesario darla toda desde el principio y no es conveniente hablar de plazos temporales porque no aporta más que una losa. Hay que intentar que la información vaya acompañada de positividad”, sostiene la experta sin dudar. A este optimismo también ayuda el apoyo social y familiar que tengan estas mujeres. “A veces les cuesta pedir ayuda por la estigmatización que tiene el cáncer y acaban viviéndolo solas”, dice Bressanello quien subraya que lo normal es que se apoyen en sus familiares y amigos. A éstos, sin embargo, les sigue costando manejar la comunicación con las enfermas. “No sabemos qué decir ni qué hacer”, dice Bresanello poniéndose en la piel de muchas familias.

Después del golpe del pronóstico y los tratamientos, aparece la preocupación estética. “Es importante y hay que tratarla”, afirma la psicóloga sin dudarlo. “Hay mujeres que, cuando pierde el pelo o ha sido operada de una masectomía, no se reconocen en el espejo y, a veces, esa imagen nueva puede producirles la sensación de haber sido mutiladas”. La experta busca ese enfoque positivo que aconseja a los médicos. “Hay pelucas, prótesis y cuidados para piel y uñas con las que se pueden paliar estos efectos”. Esto para Teresa no supone ningún problema. “No me reconstruí el pecho, no me importa. Tanto es así que, a veces, salgo a la calle sin la prótesis”, dice esta mujer, cuyas ganas de vivir no le permiten mirar atrás. Un ejemplo real de lo que asegura la psicóloga. “Todo cambio requiere un período de adaptación y un diagnóstico de cáncer posiblemente requiera un mayor esfuerzo pero por supuesto es posible adaptarse y salir adelante”, concluye esta especialista que espera con ilusión una llamada a la que poder atender, una mujer a la que poder ayudar, un familiar al que consolar y una vida a la que poder darle otra oportunidad.

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