Emprendimiento/Para vestir

“Traducimos el guión en imágenes, tejidos y colores”

En una misma semana Arancha Rodrigálvarez y Sofía Nieto pueden vivir en el siglo XV, en la actualidad y en el año 2076. Todo depende de la época en la que transcurra la obra en la que estén trabajando. Bajo el nombre de ‘Carmen 17’, estas dos mujeres diseñan el vestuario para obras de teatro, danza, cine y televisión aunque admiten que el teatro tiene una magia incomparable.

No son meras costureras, sino analistas de cada guión que les ponen sobre la mesa. Se zambullen en la historia buscando cualquier elemento que les ayude a entender a los personajes y de coherencia a lo que les pide el director. “Nos fijamos en las palabras que más se repiten para encontrarle un sentido y hacemos escaletas de objetos que aparecen”, detalla Sofía. Ambas creadoras traducen la idea que les haya transmitido el director en “imágenes, tejidos y colores para generar una puesta en escena con una intención que se adecue a lo que el director busca”, explica Sofía, quien enseña algunos de los figurines que ha propuesto a los directores. Son dibujos del vestuario de cada personaje con notas escritas a lápiz que indican, por ejemplo, cuántos botones quieren, qué telas necesitan o qué acción tiene el personaje en esa escena. Cada detalle hilvana las puntadas de una prenda.

Una vez que el director aprueba la propuesta, los actores acuden al taller para que les tomen medidas. Las diseñadoras tienen en cuenta “su fisonomía, su forma de hablar, de moverse, la psicología del personaje y la actitud con la que se enfrenta”. A partir de ahí, Arancha realiza los patrones. Cuando trabajan en obras de época, estas emprendedoras se documentan a través de libros, museos, películas y documentales. Deben ser muy rigurosas, ya que los talles de los vestidos, los puños y los cuellos de las camisas variaban cada década. Y es que el vestuario antiguo en teatro “da trabajo” pero también permite falsear algunos elementos como los bolsillos o los botones. La dificultad de muchas prendas no está en el patrón sino en el manejo, según Arancha. “Tienen que ser fáciles de lavar y resistentes, porque igual se cambian varias veces de ropa durante la función”, añade Sofía. También debe prever si va a haber un elenco diferente, por lo que cada prenda debe tener unos márgenes de costura para poder reducirla. Al hablar de teatro, a las dos diseñadoras se les nota una pasión que les llena. “El teatro da unas licencias artísticas para poder volar con las formas o la imaginación que no da una película o serie realista”, explica Sofía intentando encontrar las puntadas exactas para definir su entusiasmo.

Aun así, la televisión o el cine también pueden tener una propuesta escénica muy libre. “Si hay una mujer informática, podemos ponerle teclas de ordenador en el vestido”, cuenta Sofía. Y es que aunque sean guiones ambientados en la actualidad y solo tengan que buscar estilismos y no diseñar vestuario, también exigen retos. Ocurrió cuando trabajaban en la película ‘La Estrella’, una historia costumbrista de 2003. “Tuvimos que pensar en los personajes que se iban a reunir en cada escena para hacer una misma gama de color y conseguir una sintonía”, detalla Sofía. Ambas diseñadoras coinciden en que el vestuario no es un complemento de la obra, sino que forma parte de ella y debe afianzar el trabajo del actor y el texto. “Tiene que combinarse con la escenografía, la iluminación y los colores. Que todo tenga una armonía y transporte al espectador a otro mundo”, añade su compañera de trabajo. Los actores también deben tener esta sensación. “Es muy gratificante cuando un actor nos dice que hasta que no ha ensayado con el vestuario, no ha visto claro el personaje”, cuenta Sofía sonriendo. “Es importante que ensayen con las prendas que van a vestir porque les va a definir los movimientos”, añade esta joven emprendedora.

En la actualidad, estas creadoras están inmersas en un cortometraje ambientado en el futuro y en el que trabajan con muchos personajes. En seguida Sofía dice emocionada: “Aquí podemos inventarnos elementos y conducir al espectador según nos apetezca”. Esta exaltación a la imaginación, la creación y al trabajo bien hecho es la que se siente en cada figurín que diseñan, en cada patrón que construyen y cada texto que leen, casi como detectives, para plasmarlo en conceptos tangibles con una exactitud asombrosa.

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