Emprendimiento/Para vestir

“Nunca diseño nada que no nos pondríamos mi madre o yo”

Fue durante un verano en Portugal donde Blanca Rabena le dio forma al sueño que siempre había rondado su cabeza. Aunque era licenciada en derecho, desde pequeña había querido ser diseñadora y como tal siempre había llenado sus cuadernos de dibujos. Esta vez era distinto. Tenía la corazonada de que verían la luz. Atiborró cuatro pequeños libritos de diseños de bailarinas, buscó fabricante, creó su propia marca Tita Bonita y después de un año de trabajo ha ganado el Premio Emprendedoras ‘Yo Dona’ 2012.

Blanca me recibe en casa de su madre, donde tiene parte de su muestrario. Encima de una mesa redonda de comedor, varias cajas de zapatos abiertas muestran las bailarinas que diseña esta emprendedora de 25 años. “Me gusta mucho más el zapato plano y creé cuatro modelos distintos”, afirma. A su lado, varios pares de zapatos de tacón con purpurina y tachuelas asoman entre las cajas. “Al principio me daban miedo las tachuelas pero me di cuenta que pueden ser modernas y nada agresivas”, dice mientras me enseña uno de ellos.  Blanca no deja que las modas invadan su filosofía. “Nunca diseño nada que no nos pondríamos mi madre o yo”. La madre de Blanca está muy presente en su vida e incluso en los diseños. Para la próxima temporada preparan juntas unos pañuelos con las mismas pinceladas de color que las obras que cuelgan de la casa en la que estoy.

A pocos metros de los zapatos y sobre una pequeña banqueta, hay varias telas apiladas. “Son telas de tapicería para las alpargatas que haremos en verano”, explica esta mujer que recorre las tiendas de Madrid en busca de telas para sus colecciones. “La tela me dice qué es lo que hay que hacer con ella”, dice. Y es que Blanca asegura que no le gusta estar “contaminada” por las tendencias. Se inspira en fotografías de paisajes, en los cuadros de su madre o en los abalorios que ve. “Las únicas revistas que tengo en casa son en las que ha salido Tita Bonita. Tengo sobre todo revistas de decoración”, cuenta. “Cada colección necesita su tela y su inspiración. Las flores metálicas de las bailarinas están inspiradas en la primavera y la rafia, en las cestas de campos”, explica esta emprendedora formada en la Escuela Parsons de Estados Unidos y que considera que si una marca hace un determinado producto, ella debe ir por otro camino. “Siempre tiro a por lo que no van los demás. Si se lleva mucho el color fluor, yo no lo toco. No hago lo que hace otra persona”, sentencia Blanca, quien cree en España para elaborar sus productos. Los fabricantes de las bailarinas, bolsos, alpargatas, zapatos de tacón y guantes son diferentes y todos están en España.

Esta seguridad que transmite Blanca también la plasma en el cuaderno. Asegura que siempre suele acertar con el primer boceto aunque la escuela de Singapur en la que también estudió le instaba a que hiciera más pruebas y desarrollara más la idea. “Muchas veces veo los colores del diseño aunque no los dibuje”, dice enseñándome sus cuadernos llenos de notas. Además de Singaur, Blanca ha vivido en Nueva York y Bruselas, lo que le ayuda a diferenciar a los clientes. “En España la gente aun no es tan atrevida como en Estados Unidos o Inglaterra. Queremos ser originales pero sin llamar la atención”, asegura esta emprendedora que considera que “quien lleve un zapato mío no tiene que tener miedo a que le miren”.  Tampoco ella teme a exportar sus Tita Bonita a otros países. “Quiero probar en aquellos lugares donde viven familiares y amigos como Rusia, San Francisco, Nueva York y El Salvador. Estamos viendo si interesa y se puede vender”, dice precavida. Una cautela que le ha llevado a ser empresaria con 25 años y a sacar a la luz esos dibujos que recorrieron el mundo en sus cuadernos.

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