Protagonistas

“En los negocios hay que ser muy humilde y tener metas”

“Hay que empezar a trabajar en cuanto se pueda”. Ella lo hizo. A los 25 años comenzó su andadura en el sector de la decoración y en 1964 creó ‘Becara’, la insignia del sector de la decoración. Una empresa dedicada al diseño, la fabricación y distribución de muebles, textiles, antigüedades y regalo. Su presidenta y fundadora es Begoña Zunzunegui, una mujer de 77 años, que acaba de tener su primer bisnieto y dirige esta compañía junto con sus cuatro hijos con el ahínco propio de una luchadora incansable. “Le encanta trabajar”, dice fascinado su hijo Pablo, a su lado, mientras mira con admiración a su madre.

Ambos pasean por el gran almacén que Becara tiene en Valdemoro (Madrid). Begoña le va enseñando a su hijo las nuevas adquisiciones. Muchas son piezas únicas a las que ella les ha dado otra vida. Una puerta de madera que hacía de cierre en un pequeño comercio chino ahora es un biombo. De pronto, se para y me enseña con orgullo unas ramas de árbol con la cara de un monito tallada. “Esto es diseño mío. Hoy es original pero mañana saldrán copias por todas partes”, dice quien ya ha sufrido estos plagios. Su sexto sentido para conocer las tendencias impacta. Decenas de revistas de decoración abiertas mostrando sus muebles en fotografías lo avalan. De uno de ellos saca una carta escrita a mano de un admirador que espera volver a verla. Se emociona al leerla. Parece como si Begoña no se creyese lo que representa.

“En los negocios hay que ser muy humilde, tener metas y pensar a qué empresa querrías que se pareciese la tuya”, asegura Begoña. “No es copiar, sino pensar”, apostilla. Se fijó en que la competencia en otros países tenía productos de China y cuando España abrió sus fronteras comerciales, se fue rumbo al país asiático. A su familia le dijo que le acompañaba un grupo de españoles pero en realidad era la primera y única empresaria española que pisaba tierras de Mao en aquellos años. “Quería comprar objetos de regalo y el consulado me dio tan solo tres días para conseguirlo”, cuenta sin perder detalle. Vivió largas esperas en escaleras, pasó largos viajes en trenes, durmió en hoteles inmundos, perdió e hizo nuevas amistades pero esas 72 horas le bastaron para traer su primera mercancía a España.

Casi medio siglo le separan de aquellos intrépidos viajes. El garaje de suelo de adobe en el que ella comenzó a trabajar se ha convertido en una nave industrial de 26.000 metros cuadrados decorada con cuidado. “En este negocio tiene que haber una creatividad innata, buen gusto e imaginación”, dice Begoña mientras echa un vistazo a su showroom y se asegura de que todo esté en su sitio. “Delego muchísimo pero en el producto lo veo todo. Tengo una memoria visual prodigiosa”, explica. Está pendiente de que los vasos estén bien colocados, que no falten velas en los estantes. Conoce la procedencia de cada objeto y su historia. “Ahora hay que comprar emocionalmente, no por necesidad”, asegura consciente de que la demanda ha cambiado. Para conseguirlo, según ella, el producto tiene que ser distinto. “He tenido una nariz para detectar lo bueno antes de que lo fuese”, comenta orgullosa de su extraordinaria e ilimitada capacidad. Durante casi 30 años gestionó también la distribución de marcas de lujo como Hermés, Armani, Bulgari, Fendi, Pomelato y Kenzo en España.

Todo esto lo ha hecho Begoña sin olvidar al resto del mundo. Vivió en Inglaterra y Estados Unidos y eso le hizo tener una proyección internacional. Esta empresaria que se define aventurera, creativa y cautelosa, se ha fijado siempre en “países prósperos” para ampliar su negocio. Rusia y Colombia son los últimos en sumarse a los 40 países que ya cuentan con tiendas Becara en sus calles. Estos meses Begoña y su equipo tiene la vista puesta en Qatar. “Ellos entienden la compra emocional”, dice convencida de que sus productos entusiasman en Oriente Medio. Aunque exporta el 80% de sus muebles, no es suficiente para la subsistencia del negocio. “El mercado natural de Becara está en España y el sur de Europa”, explica mientras se lamenta por la crisis actual. “He vivido muchas crisis y devaluaciones de moneda pero nunca nada como esto”, añade. Begoña no cambia su tono ni su postura. Su firmeza es inquebrantable. “El producto ha tenido éxito y lo sigue teniendo. Tenemos todos los días extranjeros en la tienda” cuenta señalando a los mayoristas que pasan a nuestro lado. Recorren los grandes pasillos del showroom apuntando en sus libretas aquellos muebles que más les gustan. Mientras, Begoña pide su segundo café. “Soy una privilegiada, tengo buena salud y puedo tomarme hasta cinco cafés al día”, dice orgullosa.

Esta facultad, no obstante, en el aspecto laboral no lo ha conseguido por azar sino por un trabajo constante durante 50 años. Y se lo han reconocido dos veces. En las dos ocasiones le extrañó que se lo concedieran. “En 2004 me dieron la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo por crear escuela de decoración en España”, cuenta aun conmocionada. Dos años antes, recogió el premio American Express a la ‘Mejor Trayectoria Empresarial del mundo’ entre 800 mujeres procedentes de todo el planeta. Le regalaron un diamante pero se le quemó en el incendio que sufrió la nave en la que estamos. “Se quemó todo. Me dio mucha pena, se me encogía el corazón al verlo”. La fecha no se le borra de la mente: “fue el 26 de mayo de 2006”. Estuvo ocho días ardiendo pero al segundo Begoña se subió a una caja y les dijo a sus empleados: “Una empresa la componen el producto, los empleados y los clientes. La mercancía se ha perdido pero las otras dos cosas, no. Ahora debemos trabajar el doble”. Y así lo hicieron. El año siguiente Becara facturó más que en toda su historia. Esta tenacidad,  perseverancia y entereza ante los retos que Begoña mantiene desde sus inicios es la que le hace merecedora de ser el mayor ejemplo en este Día Internacional de la Mujer.

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