Cuidarse

“La alimentación puede hacerte ganar o perder un partido”

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Lo que comenzó como un proyecto de fin de carrera la acabó convirtiendo en la una de las pocas mujeres nutricionistas del fútbol profesional. Bárbara Sánchez lleva este deporte en las venas. Su padre fue entrenador. Eso le enganchó, se especializó en nutrición deportiva en el último curso de carrera y pidió al Atlético de Madrid ir a ver un entrenamiento. Poco después, el equipo femenino de primera división de este club le ofreció quedarse. Ya cumple cuatro años trabajando con las que ella llama “mis chicas” y a las que enseña orgullosa en un calendario solidario colgado en la pared de su clínica.

Aunque Bárbara es nutricionista de los 12 equipos femeninos del club madrileño, el de primera división es al que dedica más tiempo. Sus protagonistas entrenan tres tardes a la semana y la experta les visita cada 10 días aproximadamente. La mayoría de las ocasiones llega sin avisar. “Otras veces escribo unas horas antes por Twitter que voy a ir a verlas”, dice entre risas. Allí acude con su báscula portátil y el ordenador en el que lleva informatizados los datos actualizados de las jugadoras y los cuales comparte continuamente con el preparador.

La nutricionista hace un control y un seguimiento pormenorizado de cada jugadora. A principio de temporada hacen una antropometría más específica y les mide la cintura y la cadera. El resto del año hace un control no tanto de peso sino de composición corporal, que varía a lo largo del año. “Las chicas tienden a disminuir los porcentajes de grasa y aumentar los de masa muscular”, explica la experta que pone, además dietas a las que lo necesitan. “No son para que adelgacen sino porque cuando han estado lesionadas o enfermas, las defensas bajan y hay que compensarlo con la alimentación”, añade esta nutricionista que, asegura, tiene muy buena relación tanto con los técnicos como con las jugadoras y se siente muy valorada profesionalmente.

Bárbara insiste en que la alimentación de “sus jugadoras” es igual de variada y saludable que la del resto de la población. “En este caso más porque les repercute directamente en el rendimiento y ellas lo saben. Se dan cuenta que cuando no se ocupan de la alimentación se sienten más cansadas”, cuenta. La jugadora Leticia Méndez, que juega de lateral izquierdo, lo tiene claro: “no podemos comer alimentos grasos y siempre debemos beber refrescos light. Y de alcohol, podemos tomar una copita de vino”, asegura esta futbolista que parece acostumbrada a su exigente menú. Y tan importante es lo que comen como cuándo lo hacen. “Antes de un partido suelen tomar hidratos de carbono, ensalada y de segundo, carne bajo en grasa o pescado blanco. Eso sí, comen mínimo dos horas antes de jugar para que hagan bien la digestión”, explica Bárbara mientras se coloca su bata blanca. Cuando acaban el partido, toman fruta cortada y beben para recuperarse, según la experta, que recalca que “la alimentación puede hacer ganar o perder un partido”.

El seguimiento de esta profesional del fútbol es tan exhaustivo que no descansa cuando el equipo viaja. “Siempre me pongo en contacto con la residencia o el hotel en el que se vayan a alojar y negocio las comidas”. Lo mismo ocurre cuando viajan por carretera y tienen que parar en un área de servicio. “Les advierto a los superiores que no dejen entrar en la tienda a las chicas y cojan lo primero que vean, sino que se los den ellos”, explica Bárbara con total naturalidad y una gran sonrisa.

Bárbara está tan integrada en este deporte, que le cuesta admitir que se encuentra en un mundo de hombres, pero no duda en que la exigencia es la misma para todos los futbolistas, independientemente del sexo. Hay diferencias fisiológicas, sin embargo, imposibles de pasar por alto. “El cuerpo de una mujer tiende a acumular más grasa y debo buscar el porcentaje ideal de cada una”, detalla la nutricionista cuyas futbolistas de primera división tienen entre los 18 y 28 años de edad y que, a diferencia de los hombres, no se retiran solo por los años, sino porque quieren formar una familia. Un bache más en la carrera futbolística de estas mujeres que, deben compaginar con otro empleo. “El no tener una rutina diaria dificulta mucho llevar una buena alimentación. Incluso cuesta más que el entrenamiento” afirma Leticia. Pero no se rinden. Han aprendido, como su nutricionista, a hacerse un hueco en un deporte mayoritariamente masculino pero que supone su mayor pasión y que les aporta la valentía y la decisión que Bárbara transmite cada vez que se refiere a “sus chicas”.

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