Cuidarse/Para verse mejor

‘Cosquillearte’, un mundo único de sensaciones y relax

Lidia enciende una vela con olor a coco, pone música chill out y comienza a darme cosquillas suaves de pies a cabeza con sus manos. En la tripa me provoca escalofríos, en las piernas, hormigueo; en la espalda, relajación y en la cara, tranquilidad. En los 30 minutos de tratamiento, logro evadirme de todo lo que me rodea.

Lidia Arana es la cosquillóloga de ‘Cosquillearte’, el único lugar en el mundo en el que se dan cosquillas. “No es un masaje relajante porque no incide en el músculo, sino que trabajamos el sistema nervioso a través de la piel. La relajación es más inmediata de esta manera porque no duele nada”, explica la experta, que siempre sigue el mismo protocolo: “comienzo por los pies y acabo en la cabeza. Paso por las piernas, los laterales, los brazos, las manos, la tripa, la espalda y la cara. Luego hago lo mismo en el orden inverso, de arriba a abajo”, cuenta con voz suave desde el otro lado del mostrador. “No todos tenemos la misma sensibilidad en todo nuestro cuerpo pero las cosquillas que más relajan a los clientes son en la espalda y la cabeza”, añade.

Además de las manos suaves y delicadas de Lidia, esta cosquillóloga utiliza una toalla, una pluma y un masajeador capilar para hacer cosquillas. Nada de esto, sin embargo, basta para relajar. El objetivo es “provocar sensaciones”. Isabel Aires es la fundadora de ‘Cosquillearte’ y asegura que busca masajistas que hayan hecho reiki y tengan una “sensibilidad adquirida en las manos y que sobre todo sepan tocar.” Ella misma hace la prueba. “Me tienen que provocar relax a los dos segundos de haber comenzado y que se me ponga la carne de gallina”, afirma. “Las cosquillas suaves producen también recuerdos de la infancia. Los clientes rememoran aquellas que les hacían sus madres”, explica con tono melancólico. A Isabel le ocurrió algo parecido. La idea de crear este lugar surgió por la adicción que tiene a las cosquillas desde pequeña: “siempre que me daban un masaje relajante, pensaba que a mí lo que me gustaba es que me dieran cosquillas y que hasta pagaría por ello. Creí que más gente lo haría y cometí esta locura”. Una chifladura que ha conquistado al mundo y de la que hasta se han hecho eco la revista ‘Time’ y la cadena de televisión CNN. “Me han llamado de Estados Unidos, Brasil, Venezuela, Colombia y China para abrir franquicias”, añade orgullosa y sorprendida aun por el gran éxito de su idea.  Esther Saez de Argandoña escuchó a Isabel en la radio, se enamoró del concepto y abrió una franquicia enVitoria.

En los dos años que lleva ‘Cosquillarte’ funcionando, Isabel ha visto como su vicio es compartido por muchos clientes ya habituales y que, en su mayoría, acuden cuando salen de trabajar y “pueden relajarse”. La creadora recuerda un caso que le conmociona: “hay una mujer que sufre de colón irritable y cuando viene a darse cosquillas, no se toma su pastilla diaria para sus dolores. Esto como un calmante para ella”. Los clientes exponenciales son parejas. Para éstas ofrece ‘Emparejarte’, una sesión de 30 o 60 minutos de cosquillas simultánea para los dos y a la que acompaña una copa de champán. “Es un regalo muy original, cariñoso y único para la pareja”, cuenta ilusionada. También acuden embarazadas y enfermos de cáncer. “Estas personas no deben recibir masajes en los que le presionen alguna parte del cuerpo o les toquen los ganglios linfáticos. Por eso aquí encuentran un lugar de relajación. Tanto que algunas embarazadas nos dicen que notan como sus bebés se quedan tranquilos, explica la creadora y dueña, además de ‘Aires News’, una agencia de comunicación orientada a la hostelería y a la gastronomía. Un ejemplo de incansable emprendimiento y de locura adictiva.

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