Protagonistas

“En el Elíseo me sentí como en casa”

Daniéle Depeuch tardó dos años en poder hablar de aquella etapa de su vida. Un día, el productor Etienne Comar le dijo que ya era hora de lanzar a la gran pantalla su historia y le invitó al estreno de la película que en esos momentos tenía entre manos: ‘De dioses y hombres’. Daniéle la vio y aceptó sin saber que su experiencia como cocinera del presidente François Mitterand en el Palacio del Elíseo se convertiría en una bella película de culto a la gastronomía y al trabajo bien hecho. La llamaron ‘La cocinera del presidente’ y se estrena hoy, 22 de marzo, en España.

Si la responsable de la cocina privada de un presidente de la República francesa debe ser correcta, obediente, sumisa y conformista, Daniéle era casi lo contrario. A pesar de que su entrada en el Elíseo fue a petición propia de Mitterand, la oposición del resto del equipo de cocina ante la llegada de una mujer fue radical y continua. No obstante, Daniéle se mantuvo firme, tenaz y resistente en su trabajo durante dos años. Una actitud que refleja la realidad.  Y es que, según la protagonista, el filme retrata en un 98% fielmente lo que ocurrió. “Desde junio he visto la película 30 veces y me gusta mucho”, asegura esta mujer que prestó su verdadera casa, ubicada en el campo, para realizar la primera escena del filme. Algo parecido sucede con las propuestas de los menús que aparecen en la película. “En su mayoría son reales. El primer plato que preparé al presidente fue repollo con relleno de salmón, como sale en la película”, explica.

Daniéle, que en la película se hace llamar Hortense, vive en el campo francés. Le gusta la comida tradicional y auténtica. “Me encanta vivir en el campo pero cuando estuve en el Elíseo, me sentí como en casa”, cuenta recordando con cariño ese período que vivió con pasión. Antes del rodaje, invitó a comer a su casa a la actriz que le daría vida, Catherine Font y al productor.  Es su mejor carta de presentación. Tenía que asesorar a Font pero Daniéle no se creía capaz. “Nos metimos en la cocina las dos, le di un mandil y comenzamos a cocinar. Ella no sabía mucho pero le gustaba comer. Eso ayudó”. Cuatros días fueron suficientes para que la actriz aprendiera los conocimientos básicos y los gestos de una cocinera profesional.

Esta experta en los fogones, que no se fijaba en el protocolo, consiguió mantener varias conversaciones privadas con Mitterand. Éste era un hombre al que le gustaba la gastronomía y eso jugó a su favor. Daniéle aprendió a cocinar con los invitados que iban a su casa. “Mi madre y mi abuela cocinaban de forma sencilla”, asegura. Y esto es precisamente lo que demandaba el presidente y lo que le cautivó. “En el Elíseo tuve tiempo de documentarme y aprendí mucho. Me convertí en lo que Francia denomina gastrónomo fino”, cuenta con orgullo esta mujer, que asegura que Mitterand era muy atento y cuando hablaba con ella, se sentía “la persona más importante del mundo”.

Durante el rodaje, la que fuera la inspiradora de la película estuvo muy presente e incluso habló con Christian Vincent, el director, para acercar más la película a la realidad. Hortense no deseaba que el enfrentamiento con la cocina central fuera el eje principal del filme y lo consiguió. Si bien se reflejan claramente las tensiones y diferencias entre ellos, Daniéle está tan inmiscuida en su trabajo que no parece el importarle en exceso esta enemistad. “El presidente tenía mucho poder y cualquiera que trabajaba con él, lo último que quería era perder el puesto. Eso pensaban de mí mis compañeros de la cocina central  y cuando me fui, se desplomaron. Nunca comienzo guerras que sé que no voy a ganar”, explica convencida de que su marcha fue la mejor opción que tomó. “Para mí fue una aventura maravillosa pero creo que todas las aventuras tienen un fin y hay que volver a casa”. Así lo hizo.

En la película, Hortense se siente cansada del ambiente de trabajo, de las trabas de los dietistas del presidente y de la incertidumbre de si gusta o no su comida y para curarse, dimite y se va a la Antártida. No obstante, la protagonista insiste en que esto es parte del guión y en realidad no fue así. “Disfruté muchísimo en el Elíseo y fui a la Antártida diez años después. Quise cambiar esta actitud tan agotadora que aparece en la película pero no fue posible”, explica con pesar. Lo que demuestra que la constancia y el cuidado en su trabajo es imprescindible. Su actitud positiva y aventurera también. “El presidente me autorizo para volver a casa. Me dijo que tuviera suerte y la tuve”, asegura complacida y orgullosa. Casi 15 años le separan de aquella despedida y ahora es una mujer mayor activa, alegre y vivaz que no tiene miedo a contar esta bonita historia.

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