Emprendimiento/Para vestir

“Cualquiera puede llevar un tocado pero no cualquier tocado”

En la pantalla del ordenador de Ana María Chico de Guzmán aparece una imagen de la actriz Cate Blanchett con un vestido largo blanco de cuello redondo. “Me encanta la elegancia que tiene esta mujer y me gustaría hacerle un tocado”, dice Ana María con tanta ilusión que no deja de mirar la fotografía. “Tiene los rasgos muy marcados y le vendría bien un tocado con formas redondas y suaves incluso tipo griego con cadenas. Nada de formas de picos, crestas ni alas que le tapen la cara”, explica esta experta en tocados que hace cuatro años fundó ‘Mimoki’, la tienda de tocados y ropa de marcas danesas, francesas y coreanas situada en un jardín del barrio de Salamanca.

En la trastienda de Mimoki está el taller en el que me recibe Ana María. A su alrededor hay baldas llenas de cajas con telas, flores y abalorios; estanterías enteras con chisteras, sombreros y pamelas. “Tenemos rafia de Filipinas, plumas de India, velos de Francia, estrellas de mar, caracolas disecadas, botones, azabaches y hasta cuentas antiguas que rescaté de mi bisabuela”, cuenta esta emprendedora mientras repasa cada caja de la habitación. “Trabajamos con muchas telas y flores de plumas, de organza, de seda, de encaje e incluso alambres y tachuelas”, añade y recuerda los viajes a Birmania y Marruecos de los que ha traído broches étnicos.

Al final del taller, casi escondido entre tantas bolsas y telas, Pablo está colocando cadenas, telas y cristales en un mismo tocado que mezcla los colores rosa y azul. “Mientras que se sepa cómo funcionan lo materiales, se pueden usar tantos cómo se quiera en un mismo tocado y darles la forma que se desee con moldes, aprestos, gomas o alambres”, explica Ana María, quien asegura que pocas veces dibujan el patrón. Normalmente cogen materiales y van probando en sus propias cabezas. No es raro tampoco que un tocado pase por varias manos durante su elaboración. “La idea es del diseñador y es quien le da el toque final. La sombrerera le da la forma y hace el tinte y la modista hace parte del montaje”, declara esta emprendedora señalando el tocado en el que trabaja Pablo.

Al otro lado de la cortina que separa el taller de la tienda, se ven decenas de tocados expuestos sobre barras metálicas. Todos se pueden comprar y alquilar. “Tenemos seis minicolecciones pero hacemos modelos únicos con piezas especiales y personalizamos según quiera la clienta”, cuenta la fundadora que, aunque considera que la boda es el evento en el que más se usan estos complementos, ya se empieza a llevar en fiestas, puestas de largo, primeras comuniones y bautizos. “Hemos llegado a tener más de 30 encargos para una misma boda”, dice. Pero se asegura de que ninguna invitada repita: “anotamos el nombre, la boda a la que van y el modelo del tocado”. Y es que, según Ana María, “cualquiera puede llevar un tocado pero no cualquier tocado”. Depende del color de piel, del óvalo de la cara, el largo y ancho del cuello, los hombros, el peinado, el volumen de pelo y la forma de las cejas. “Muchas no se lo saben colocar y les aconsejamos que se hagan una fotografía cuando se lo prueban en la tienda”, dice con una sonrisa.

A este complemento tan atractivo le acompaña un protocolo que, en muchos casos en ‘Mimoki’ se lo saltan. “No recomendamos llevar una pamela a una boda de tarde pero sí utilizamos las chisteras para bodas de mañana en el campo cuando están pensadas para los hombres en fiestas de etiqueta”. Y es que el tocado da personalidad, originalidad y presencia al atuendo y a la mujer que lo lleve.  Sobre todo si tiene la seguridad y la elegancia de Ana María. “Yo siempre llevo uno a fiestas, bodas e incluso cenas”, cuenta satisfecha y emocionada por ser, por fin, dueña de la tienda de sueños como lo fue de la muñeca que le dio nombre, ‘Mimoki’.

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Un pensamiento en ““Cualquiera puede llevar un tocado pero no cualquier tocado”

  1. Un tocado le da tanta categoría a las mujeres que lo saben llevar… En mi opinión, hace la diferencia entre estar bien y estar impresionante. Enhorabuena por saber hacer que las mujeres estén guapas y, a ti, por saber contarlo.

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