Cuidarse/Para estar en forma/Para verse mejor

“Es necesario conectar con el poder y la autoestima del cuerpo”

Graziella Negri y sus alumnas, Janis y Coco, se colocan un pañuelo naranja a la altura de la cadera para empezar la clase. Una música árabe suena de fondo. “Este tipo de música llega al hemisferio derecho del cerebro y estimula la creatividad”, explica la profesora. Las tres comienzan a relajarse y a aflojar tensiones. Poco a poco, y después de mover todas las articulaciones delicadamente, el ritmo de las canciones va definiendo el movimiento de sus caderas. Graziella es profesora de danza del vientre desde hace 12 años y coautora del cortometraje ‘Danza! La Feminidad Consciente. Una forma de sumergirnos en nosotras mismas, conocernos y proyectarlo a través del cuerpo.

La danza del vientre no es solo un baile sensual, sino que tiene la capacidad de vincular el cuerpo con nuestras capacidades más internas y desconocidas. “Me he dado cuenta de la necesidad de conectar con el poder, la autoestima y la autoridad que da el cuerpo”, explica quien utiliza la danza del vientre como vía para potenciar esta energía femenina. Graziella lo llama “ danza del Vientre Consciente”, pues estimula la creatividad y la parte más femenina del cuerpo: la pelvis y la cadera. “Es donde están los centros energéticos y el segundo chakra que, en medicina oriental, rige el aparato reproductor femenino”, detalla mientras se da un pequeño masaje con jazmín en esta zona.

La autoestima no es por tanto una actitud meramente mental. Graziella cree firmemente que también proviene del cuerpo y reinvindica que se trabaje a través de nuestra postura. “No debemos andar ni sentarnos con los hombros encogidos porque parecerá que tenemos miedo. Tenemos que colocarnos en posición de defensa y autoridad”, dice convencida de que esta actitud genera confianza en uno mismo y en los demás. A esto, por tanto, ayuda la danza del vientre. “En la clase las alumnas exponen la zona de la tripa y al mirarse al espejo, se reconocen, se aceptan y conectan con la belleza de su físico”, explica esta periodista convertida en comunicadora del cuerpo. Janis es la prueba palpable de que lo que Graziella plantea es real. Esta alumna confiesa que en su primera clase ha reflexionado sobre su vida. “Desde el principio ha empezado a conectar. Sentía una bendición que me empujaba a pensar que podía crear lo que fuera”, dice mientras su profesora le mira fascinada.

Janis y su compañera se colocan en círculo y bailan de forma espontánea. Se imitan gestos y movimientos y logran una complicidad. “Nos hemos comunicado a través de la sonrisa y los gestos y hemos conseguido mucha armonía”, cuenta Janis. Esta interiorización es la que Graziella pretende provocar en las alumnas de su próximo proyecto. “Estoy preparando unas clases para mujeres víctimas de violencia machista para que se conozcan y sepan potenciar y fortalecer su poder y autoestima”. No obstante, Graziella aconseja la danza del vientre a todas las mujeres. “Las mujeres tienen más capacidad de comunicación y pueden aportar mucho al cambio social y político”. Y es que, como asegura esta estudiosa de la antigua danza de la fertilidad, “la mujer tiene el liderazgo para influir en el resto pero tiene que creérselo, valorarse y potenciar su lado femenino”.

Anuncios