Cuidarse/Emprendimiento

“Cualquier persona necesita un coach en algún momento de su vida”

A lo largo de la Historia, hay momentos en los que van surgiendo paradigmas comunes que generan que todo el mundo piense de la misma manera. Ocurrió, por ejemplo, en Italia con el Renacimiento y en Inglaterra con la Revolución Industrial. Así explica la coach Maite Inglés por qué en la actualidad hay un boom del coaching. La sociedad ha creado esa necesidad. Esta técnica nació con Tim Gallwey, un entrenador deportivo que, en los años 60, se dio cuenta de que, visualizando la acción con la mente, el resultado era mejor. Años después, Maite realiza la misma función desde su despacho.

La experta coach me abre la puerta con un cariñoso recibimiento. Trae una botella de agua con unos vasos mientras tararea una canción. Su alegría es contagiosa. Desde el principio, intenta explicarme con claridad en qué consiste esta técnica tan demandada en la actualidad. “Siempre ha hecho falta alguien que dé ideas”, apunta. “El concepto de mentorazgo deriva de Mentor, el amigo de Ulises a quien éste dejó encargada la educación de su hijo Telémaco. La palabra mentor pasó a denominar, desde entonces,  al hombre mayor y sabio. Sócrates, Platón y Aristóteles daban clases en las que más que dar conocimientos, educaban”, cuenta esta profesora del Instituto de Empresa. La idea del coaching, por el contrario, no es ésta. “Consiste en abrir un espacio para que la persona encuentre, en el silencio y la reflexión, las respuestas que ya tiene pero que aún no conoce”. Es como una meditación guiada a través de preguntas que va haciendo el coach. “No doy consejos, sino que provoco reflexiones en la persona para que sea ésta quien se aconseje”, detalla esta mujer, a la que le gusta estar informada de los nuevos tratamientos terapéuticos que le ayudan en su trabajo.

Cualquier persona necesita un coach en algún momento de su vida, según la experta: en períodos de desconcierto en los que algo se resiste, no se alcanza un reto o no se saben dar los primeros pasos. “Apoyo a personas recién ascendidas a gestionar el liderazgo de los primeros meses; a otras les oriento a enfocar cómo hallar un empleo, o a cómo gestionar su proyecto emprendedor. La soledad del alto directivo es otro de mis focos. A muchas cosas ayudo”. Maite está convencida de que el coaching es psicología. “En las dos se conoce la psique y se aprende a gestionarla. La diferencia es que el coaching no es una terapia y su objetivo no es recuperar la salud mental”. Maite intenta traer al consciente lo que tenemos en el inconsciente. Le bastan dos minutos para saber si una persona requiere una sesión de coaching. No por su personalidad, sino por su actitud. “El cuerpo lo dice todo. La ansiedad se trasmite en la forma de vestir, de peinarse y en el rictus de la cara”, asegura.

Maite invierte, de media, ocho sesiones en cada persona. En la primera consigue que la persona recupere autoestima. Mientras habla conmigo, reflexiona sobre el concepto de humildad, y Enseguida apunta en su cuaderno una idea que le viene a la cabeza relacionada con ello: falta de ego. Intenta buscar su significado exacto. Para Maite, dar el nombre correcto a cada cosa es clave. Esta exigencia la lleva también a su entorno laboral. A Maite no le gusta el coaching puro, el que solo hace preguntas, sino que saca todo lo aprendido en 50 años de estudio y ofrece herramientas a sus clientes. “Juntos pensamos cómo utilizar esa herramienta”, dice esta experta.

El coaching, sin embargo, no solo puede realizarse individualmente. De hecho, Maite también trabaja con equipos de trabajo que no consiguen llevar a cabo su labor adecuadamente. En estos casos, estudia las conexiones entre las personas. “El coach sana la falta de confianza, de motivación y de coordinación, el peso excesivo de alguien que impide que los demás se desarrollen y el miedo al conflicto entre ellos”, explica esta coach que, aunque encuentra diferentes problemas en cada caso, siempre trabaja un concepto: el optimismo. Y es que se puede enseñar a ser optimista. La genética influye en un 50% y el otro 50% es actitud. “Siendo optimista se sonríe más, se tiene más ambición y se consigue que los contratiempos no tumben el buen humor ni la autoestima”, dice quien parece representar a la perfección esta actitud. Durante toda la entrevista, Maite se muestra en una actitud positiva transmitiendo fe, entusiasmo y confianza. Con estas pautas quiere escribir un libro que tenga que ver con cómo mejorar la vida de las personas y la sociedad. Una prueba de que su trabajo no se limita a aumentar la visión de sus clientes sobre ellos mismos, sino que su reto, personal y profesional, es mucho más poderoso: “deseo elevar el nivel moral de las personas”. Un desafío digno de valientes como Maite.

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