Emprendimiento/Para entretenerse

Un café y un dobladillo

Unos carteles colgados con pinzas de una cuerda en la pared exterior del local nos anuncia los talleres de costura de los próximos meses e indica: un café y una hora de alquiler de una máquina de coser cuesta siete euros. A través del cristal del escaparate vemos dos sillones y una pequeña mesa camilla que hace de salón y siete máquinas de coser de color morado alrededor preparadas para los alumnos más atrevidos con la aguja.

Dentro suena la música de los Rolling Stones. Teresa Barrera sale de detrás del mostrador, donde trabaja con el ordenador. Hace casi dos años mezcló la costura y el café, lo llamó Tete Café Costura y hoy tiene los talleres llenos de clientes con ganas de aprender, no solo a saber subirse el bajo de un pantalón, sino a crearse sus propias prendas. “La idea la vi en Berlín y me pareció muy original”, asegura. Sabía que iba a ser pionera y que esta novedad triunfaría en España. “Viene mucha gente y de todas las edades. Incluso niños a partir de los siete años”, especifica. “Lo que más le gusta a los clientes es venir a aprender algo y divertirse”, dice convencida de que esta actitud es la que más le satisface.

En Teté Café Costura no exigen conocimientos de costura ni de manejo de la máquina. Existen talleres para principiantes y para avanzados pero advierte que “con paciencia, práctica y disciplina, todos pueden aprender a coser”. En tan solo tres cursos, se puede aprender a subir un dobladillo, según Teresa. “Enseñamos costura a mano, a máquina y diseño y patronaje. Cada mes, los alumnos aprenden a hacer una falda o un vestido”, explica esta experta en el sector. Antes trabajaba como estilista de vestuario en teatro, cine y televisión. En sus ratos libres, Teresa recicla ropa. Confecciona prendas nuevas y las vende. De un pequeño perchero cuelga su pequeña colección: un vestido para verano, una torera vaquera y una falda.

En unas baldas en la pared de enfrente, decenas de bobinas de distintos tonos se mezclan con muñecos de punto, corbatas, alfileteros, dedales y muestras de distintas técnicas. Teresa presume de las “maravillosas” máquinas de coser que ofrece a sus alumnos: “son el último modelo de la marca Alfa. Son vascas y muy fáciles de usar”.

Teresa tiene un equipo de profesores que le ayudan a cubrir todos los cursos. Incluso cuenta con diseñadores de moda que acuden una vez al mes y hacen un taller concreto de “su arte”. Este mes, en el que entra la primavera, vendrá Natalio Martín, y enseñará en Tete Café Costura a crear sandalias de cuña para la próxima temporada. Teresa se muestra ilusionada al comprobar que traslada su pasión por el hilván a los alumnos. “Les crea adicción y muchos se compran sus propias máquinas para coser en casa”, cuenta esta precursora de estos talleres, que asegura que disfruta mucho dando clases en el local que ha marcado un antes y un después en los pespuntes de Madrid.

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