Protagonistas

“Acostumbramos al ciudadano a creer que está informado cuando solo está entretenido”

Aunque hace cinco años que está jubilada, sigue trabajando en casi tantas ciudades como lo hizo durante sus 40 años de profesión, que confiesa no echar de menos. Para Rosa María Calaf es otra forma de estar en la primera línea del periodismo. No deja de luchar por contar la verdad. De hecho, me atiende en su rato libre entre dos conferencias, en las que alerta de la necesidad de que el periodismo exista y sea de buena calidad. Escucharla es sentir que el verdadero periodismo puede rescatarse. La que fuera la periodista de medio mundo se muestra preocupada por el sesgo de la información que dan actualmente los medios de comunicación.

El problema es que no dedicamos tiempo al fondo de los temas que tratamos, que es lo que conforma la opinión pública y sobre la que basamos nuestras decisiones”, afirma la periodista, que no duda en señalar  a todos los actores de la sociedad como responsables de esta crisis informativa: “a mayor grado de poder, mayor responsabilidad. Aunque el ciudadano tiene menos poder que la empresa periodística, debe exigir información de calidad, plural, veraz, rigurosa y que esté al servicio de la mayoría”. Asimismo, considera que las empresas del sector deben comprometerse a luchar por la independencia y el poder económico y olvidarse de intentar poner la información al servicio económico. Solo con un periodismo excelente, asegura, hay democracia.

Esta independencia de la que habla, consiguió tratarla en cada una de sus crónicas, las cuales tenían una marca personal. Lograba darles interpretación sin mostrar su opinión.  “Es imposible la objetividad y la neutralidad pero el límite está en la honestidad y la veracidad”. Principios que ahora considera obsoletos. “Ahora se prima lo impactante sobre lo importante. Se hace espectáculo, en vez de información, para ganar dinero. Manipulamos la percepción del peligro y el miedo. No hay que disfrazarse de reportero intrépido para impresionar porque daremos una información errónea de lo que está ocurriendo”, dice esta periodista que tan solo necesitaba un micrófono y su talento para informar a miles de kilómetros de España.

Los periodistas, y más aun los corresponsales, están desapareciendo. Esta tendencia alarma a la profesional, que recorrió durante décadas 175 países y los que conoció como el suyo propio. “Ahora tan solo se cubren las crisis de los países pero debería haber alguien permanentemente allí para saber contextualizar e informar y sobre todo estar en las épocas de pre-crisis porque si informáramos entonces, quizá las crisis podrían evitarse”, asegura esta profesional.

Durante esos años de profesión, muchos fueron los cambios, sobre todo tecnológicos, que fueron transformando la manera de trabajar y Rosa María Calaf se ha sabido adaptar perfectamente a ellos. Tanto, que se califica como una tecnofan pero advierte que al igual que las redes sociales son una herramienta para informar, también lo son para el desconocimiento. “El contenido no puede estar al servicio de la tecnología. Un tuit no es una noticia contrastada, contextualizada y confirmada. Si nos fijamos en los trending topics, nunca representan los asuntos más importantes del día. Habrán alertado pero solo habrán distraído de lo verdaderamente esencial”, dice con rotundidad.

Como periodista de TVE, asegura que  los políticos siempre han utilizado el medio como “herramienta de gobierno” y nunca se ha considerado un “medio al servicio de los ciudadanos”. Esta situación es propia, asegura, de las democracias menos consolidadas. No duda en nombrar a la BBC como el medio público por excelencia. “Allí no se concibe que el gobierno llame al periodista para decirle qué debe publicar”, dice mientras recuerda una entrevista que le llamó la atención: “la primera ministra Margaret Thatcher acudió a una entrevista a esta cadena inglesa y en un momento, le dijo al periodista que ya no iba a responder más a la pregunta que le estaba formulando, a lo que él le respondió: aquí, quien decide si se ha acabado una cuestión soy yo, no usted. Esta actitud es impensable en España”, asegura esta profesional que cree que la clave en un régimen democrático es que el poder político, económico y periodístico estén separados.

Acostumbrada a trabajar en zonas de conflicto y en países opresores como Corea del Norte, Calaf intuye cómo será la Venezuela post-Chávez: “Nicolás Maduro no tiene el carisma de Chávez, no puede permitirse que salgan críticos, así que recortará libertades para reafirmarse”. En Corea del Norte, China o la Unión Soviética, donde la corresponsal pasó largas temporadas, no podía hablar con casi nadie. Temía por la vida de sus fuentes. “Teníamos que leer entre líneas y arriesgarnos pero nunca estaba convencida de tener la información completa”. Esta periodista buscaba personas de confianza en iglesias, academias y ONG´s y grababa a los políticos disimuladamente sin que se dieran cuenta. “Hacía falta tiempo, formación y experiencia”, concluye esta curtida corresponsal que devuelve un halo de esperanza y autenticidad a esta maravillosa profesión.

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2 pensamientos en ““Acostumbramos al ciudadano a creer que está informado cuando solo está entretenido”

  1. Totalmente de acuerdo. El periodismo ha perdido mucho, si no todo, de lo que antes era. Se ha confundido el periodismo de denuncia, el que buscaba ayudar a la sociedad y cambiar las cosas, con una guerra personal de distintos medios contra todo, medios cada vez más politizados e inútiles. Básicamente, porque han dejado de informar. Ojalá hubiese más gente como las dos periodistas que protagonizan este post. Gente que aún conserva la pasión y la ilusión por contarle al mundo lo que verdaderamente pasa, no lo que el periodista quiere que pase. Tremenda la última frase. Hace reflexionar… Una vez más, enhorabuena. Ayudas a recuperar las ganas por el periodismo…

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