Cuidarse

“Mejorando la dieta y la memoria, el paciente de Alzheimer tendrá más calidad de vida”

Augusta ingresó en el Hospital de Frankfurt por lo que creían que era un delirio de celos. Había perdido la memoria, tenía alucinaciones, paranoia, alteraciones de la conducta y graves trastornos del lenguaje. Tenía 51 cuando murió de una infección pulmonar pero Alois Alzheimer decidió investigar el cerebro de la fallecida y descubrió que esos síntomas pertenecían a una enfermedad hasta entonces desconocida. Ahora, más de 100 años después, el Alzheimer aun no ha contestado a muchas preguntas. María Morell, investigadora del Instituto de Parasitología y Biomedicina, ha presentado hace unos días el informe Estado del arte de la enfermedad de Alzheimer en España elaborado por de PWC con la colaboración de la farmaceútica Lilly. Con ella, hablamos de los últimos descubrimientos.

En las mujeres existe un mayor riesgo a padecer la enfermedad a partir de los 85 años comparado con los hombres pero ambos sufren por igual. El desarrollo es el mismo, aunque no haya dos casos iguales. “El Alzheimer afecta al hipocampo y a la corteza cerebral, se acumulan sustancias tóxicas que provocan la muerte de la neurona, las células encargadas de transmitir las señales o impulsos nerviosos, con la consecuente pérdida de función y conexiones entre ellas. Tras la muerte de las neuronas, se produce la pérdida de memoria y de la capacidad de concentración, lo que conocemos como demencia”, explica María

A pesar de los avances en la investigación, aun hoy se desconocen las causas exactas. Influyen factores genéticos, constitucionales del propio individuo, y ambientales como la dieta pero el resultado siempre es el mismo: pérdida de memoria y capacidad de concentración. Las últimas investigaciones revelan indicios de formación de las placas incluso antes de la aparición de los síntomas, o al menos antes de la pérdida de memoria o capacidad de concentración. “Estos avances resultan fundamentales puesto que el tratamiento preventivo, ya sea farmacológico o no, ha podido comprobar que resultan beneficiosos para un aumento en la calidad de vida del paciente”, detalla la experta, mientras mira a través del microscopio del laboratorio.

La investigación de esta enfermedad está llegando casi a niveles de ciencia ficción. Ha surgido BigBrain, “una colección de secciones de un cerebro humano, digitalizadas, que nos permite ver nuestro cerebro en su interior y movernos dentro de él”, indica María. Esto supone una ventaja para este tipo de dolencias neurodegenerativas porque se pueden simular las condiciones de la enfermedad y observar qué consecuencias tendrían. Aun así, la experta es precavida y recuerda el Alzheimer es multifactorial y tan solo el 0,1% de los casos son hereditarios.

De los robots también se espera que ayuden a los tratamientos terapéuticos del Alzheimer. Son los llamados cyborgs y consistiría en una conexión entre humano y máquina, “una estimulación eléctrica del hipocampo, donde se encuentra la memoria y el aprendizaje”, añade esta investigadora que cree que esta solución solo cabría para los estadios tempranos o medios de la enfermedad. “Creo que debemos seguir trabajando en alternativas más sencillas y al alcance de todos”, sugiere. Potenciar la supervivencia de las células afectadas mediante el uso de factores neurotróficos, o aumentando su producción endógena combinado las terapias farmacológicas con las no farmacológicas y mejorando las técnicas de diagnóstico es la idea que propone.

María no se rinde y es optimista respecto a los resultados que se están dando. “Evitar la muerte celular y disminuir la respuesta inflamatoria que se produce en nuestro cerebro sería una buena alternativa para mejorar los síntomas y, si además mejoramos la dieta y la memoria y capacidad cognitiva mediante la estimulación mental, sin duda el paciente tendrá una mayor calidad de vida”, señala esta investigadora que insiste en que estamos en la dirección adecuada pero sabe que aun queda mucho trabajo por hacer.

Anuncios