Emprendimiento/Para vestir

La Sherlock Holmes de moda y lujo

Varias fotos de moda enmarcadas y una pequeña estantería con revistas y libros del sector decoran el despacho de Virginia Ibáñez, desde el cual dirige su actual empresa: La agencia secreta. Un proyecto que comenzó en el master de ISEM en abril de 2009 sin intención de convertirse en emprendedora. “Venía del sector de la publicidad y tan solo quería dedicarme a la moda”, dice.  Ahora es casi una detective.

La Agencia Secreta se encarga de buscar objetos difíciles que están agotados o no se encuentran en tiendas ni en Internet. La clave está en saber dónde buscar. “El trabajo requiere pelearse con las marcas y sus representantes, llamar por teléfono en otros idiomas a distintos países y recuperar una buena atención”, explica Virginia, quien mueve sus contactos para conseguir su objetivo. Cuando lo localizan, la marca se lo envía a Virginia y ella se lo entrega al cliente.  Si no ha podido encontrar a nadie que le consiga el producto, va ella misma a buscarlo o lo encarga a algunos de sus colaboradores, situados en las ciudades referentes de moda del mundo Milán, Nueva York y París.

El proceso dura poco más de una semana. El cliente rellena un formulario en la web indicando el producto, la marca, el color y los datos que conozca del objeto deseado. “Cuanta más información mejor”,señala Virginia, quien valora si el encargo es posible y en dos días se ponen manos a la obra en la búsqueda, si finalmente el cliente sigue interesado en el pedido. “El 70% de los que nos llaman, lo desean de verdad”, añade Virginia, cuya clientela es mayor de 35 años y la mitad son extranjeros, cuyos encargos son de mayor importe.

Cada día tienen entre manos cinco casos que resolver aproximadamente. “Ahora los objetos de Céline están muy de moda y al no tener tienda propia, hemos tenido que buscar en tiendas multimarca. También me han encargado un bolso muy especial de Victor & Rolf, unas sandalias de Louis Vuitton o una chaqueta única que salió en Vogue y que me pidieron desde Suiza”, recuerda Virginia mientras apunta en un papel el nombre de un fotógrafo japonés, protagonista de una de sus búsquedas. “Nos pidieron unas fotografías de Koichi Okuwaki y como agradecimiento, el artista regaló una más a los clientes”, asegura Virginia.

Normalmente los productos con los que trabajan son de lujo y alta gama pero advierte de que no puede hacer milagros y hay encargos imposibles. “Siempre nos llega alguna petición de algo que sale en la serie Sexo en Nueva York pero hay que tener en cuenta que salió hace muchos años y ese vestuario ya no existe”, explica esta emprendedora, cuya filosofía es atender bien al cliente. Y ella lo cumple. Es consciente del interés y el cariño que sus clientes tienen a ese objeto al que solo ella puede acceder. Prueba del trabajo bien hecho es la recompensa que le dan los clientes. “Una vez nos organizaron un evento en Santiago de Compostela”, recuerda Virginia, sin ocultar su felicidad y orgullo.

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