Emprendimiento/Para protegerse

“La verdadera máquina de la verdad es uno mismo”

Conchita Pérez se vio envuelta en un caso en el que no podía defender su inocencia a la policía. No podría creer que lo que le estaba sucediendo, pudiese ocurrirle a otras personas y empezó su curiosidad. Ella había trabajado en banca y había tenido una empresa de productos petrolíferos pero aquella situación de vulnerabilidad le marcó para siempre. Hizo un master de poligrafía en Estados Unidos y se convirtió en la única mujer poligrafista de España, cargo que sigue ostentando a día de hoy. Desde entonces dirige la empresa que fundó: Poligrafía Profesional.

El polígrafo se utiliza oficialmente en 90 países como Israel, Estados Unidos, Canadá o Reino Unido pero España no es uno de ellos. Para que se usase en nuestro país, habría que cambiar la legislación porque en casos judiciales solo sirven como una testificación más. Es solo en los particulares en los que la prueba es determinante. En la Casa Blanca hay 400 poligrafistas que cada cuatro meses hacen una prueba para comprobar que ninguno de los miembros han tenido influencia externa.

Para demostrar su eficacia, Conchita cuenta el caso de un pederasta que durante su reinserción tenía que ver a psicólogos, policías y examinarse ante un polígrafo. “Lo que más temía era esto último”, asegura. “El polígrafo no es una máquina, solo registra y mide el conocimiento de la persona a través del sistema nervioso. La verdadera máquina de la verdad es uno mismo”, explica con la misma precisión que su instrumento. Nadie, asegura, puede prepararse para mentir sin que lo detecte esta herramienta. Conchita recuerda el caso del jugador de fútbol americano O.J. Simpson, que mató a su exmujer y a su amante y durante cuatro meses estuvo preparando al cerebro para engañar al polígrafo. Cuando llegó el momento, los registros poligráficos confirmaron que era el asesino.

Antes de realizar la prueba definitiva con el polígrafo, Conchita hace una entrevista al acusador y le pregunta las dudas que tiene sobre la persona a la que culpa de infidelidad, robo u oro delito y en qué se basa para acusarla. A partir de ahí, Conchita realiza unas preguntas y se las formula al acusado sentado frente a ella. Esta posición le permite entrever más allá de as líneas del polígrafo. “La neurolingüística ayuda mucho a los resultados. Hay que tener en cuenta que tenemos 42 músculos en la cara que nos delatan”, dice la experta que conoce a la perfección sus movimientos y reacciones al mentir.

“Con el polígrafo medimos la respiración abdominal, la torácica pues algunos se quedan sin respirar al mentir, la sudoración en las yemas de los dedos y la presión sanguínea”, añade señalándose el pecho y la tripa con las manos, donde se colocan los sensores. Los clientes de Conchita son particulares, empresas y en el menor de los casos, temas judiciales. La prueba dura entre dos y seis horas y se hacen 5 o 6 preguntas del mismo ámbito. En los casos de infidelidad, algunas son tan íntimas que Conchita debe mediar como psicóloga y pedirle al cónyuge que “no machaque” al acusado, aunque sea culpable.

El proceso es diferente cuando se trata de empresas que acuden, en la mayoría de las ocasiones, por robos. “Si vienen 30 personas de una compañía, yo les hago 17 preguntas clave a todos y ya detecto que muchos son inocentes. Hago una selección y me quedo con 10, que son a los que le hago la prueba con el polígrafo”, explica esta experta, cuyo trabajo se nutre de fisiología y psicología.

Conchita, que ha participado en varios programas de Telecinco y Cuatro demostrando la verdad del invitado ante el espectador, se muestra seria y responsable frente a su trabajo. A los que dudan de la fiabilidad del polígrafo, la profesionalidad de esta mujer y los datos objetivos que aporta son inalterables. “Yo no critico ni juzgo. Considero que el poligrafista tiene que ser honesto porque se está haciendo un juicio sobre la conducta de otros”, reflexiona con la misma sinceridad, cercanía y honradez que transmite a sus clientes.

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