Emprendimiento/Para entretenerse

“No vendemos un producto, sino una experiencia”

La imagen de ver a una joven tejiendo en el metro en España no es muy común pero en Nueva York sí ocurre. María José Marín lo vio en 2009, justo cuando las actrices Sarah Jesica Parker, Julia Roberts y Cameron Díaz mostraban su afición por esta costura durante sus ensayos. María José Marín investigó lo suficiente para saber que aquello era un boom y nuestro país tenía que conocerlo.

En aquel momento, María José trabajaba en una auditora y ante la mirada atónita de sus amigos, dejó la empresa y el sector y se embarcó en un proyecto que al principio, admite, fue a ciegas. Aprendió a tejer gracias a Youtube y un premio de un concurso de emprendedores le dio la primera financiación para crear una tienda online de ovillos procedentes de Perú. Fue el comienzo de We are knitters.

El cliente elige la prenda en la web y la empresa le envía un kit con todos los artículos necesarios: los ovillos de los colores que se hayan elegido entre un total de 20, las agujas, el patrón y las instrucciones para tejer ese jersey, bufanda o gorro que se haya escogido.”No vendemos un producto, sino una experiencia. Tejer desestresa e incluso a muchos ayuda a dejar de fumar”, asegura su impulsora.

El almacén de We are knitters, a día de hoy, guarda alrededor de 7000 ovillos de algodón, lana fina y gorda preparados para salir y caer en unas manos creativas y con ganas de sentir satisfacción por un trabajo propio y artesanal bien hecho. En sus dos años de vida, han enviado más de 4000 encargos. Prueba de esta afición es el libro que han editado con 32 modelos de prendas que ayer se publicó: ‘We are knitters. All we happiness in a book’

“Descubrimos que tejer es adictivo. Casi el 70% de quien lo prueba repite”, explica MªJosé, quien define su negocio como el contrapunto a los abuelos. Desde el principio, apostaron por la imagen de la marca , el público joven y el comercio internacional. “Es un nicho y sabemos que debemos estar en otros países. En el norte de Europa hay más cultura de esta costura”, dice la emprendedora. En septiembre fue la primera vez que se abrieron al extranjero y ya supone casi un 51% de las ventas.

En la sala de reuniones de la empresa varias baldas con decenas de ovillos de colores y de distintos grosores iluminan el espacio. Con este impulso, cada mes diseñan siete nuevos modelos hasta llegar a un total de 60 que se dividen según la dificultad que conlleven. Mientras María José me enseña cada detalle de la web, explica que el tiempo que requiere tejer depende del número de ovillos que necesite la prenda. “Se suele tardar entre dos y tres horas por ovillo aproximadamente”, explica esta economista con ganas de crecer y convertirse en un referente en el sector.

“No nos da tiempo a asimilar lo que nos está pasando pero teníamos claro que si nacíamos, era para ser grandes”, asegura con firmeza María José, quien se puede sentir satisfecha. Ya son ocho los trabajadores que tiene en su empresa y para Navidad, esperan un incremento “gigante” de sus encargos.

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