Cuidarse/Emprendimiento/Para cuidar a los demás

“La felicidad es la mejor medicina”

¿Por qué hace 30 años la persona mayor de la casa era considerada la más sabia, la más experimentada y se le dejaba el mejor sofá y ahora es al revés? A Catalina Hoffmann siempre le había impactado ese salto tan injustificado. Más cuando en otras culturas como la japonesa y en algunas tribus africanas se les tiene mucho respeto.

En la primera residencia en la que trabajó Catalina se topó con la cruda realidad. Todos los mayores que allí vivían tenían el mismo mensaje: “No quiero dar problemas a mí familia. Estoy aquí porque no sirvo para nada para el resto de los 30 años que me quedan”. A Catalina le sorprendió que no hubiera un programa de rehabilitación ni formación especial. Allí aprendió que los mayores no son como los niños y no les gusta que les traten como tal.  “Son muchísimo más exigentes que los pequeños porque a diferencia de ellos, han vivido y saben lo que quieren”, explica intentando eliminar esa idea errónea.

Su paso por aquel lugar le impulsó para crear lo que siempre había soñado: un nuevo concepto de centros de día. Lo llamó Vitalia. 10 años después de la apertura del primer espacio, cuenta con una red de 30 centros, una expansión internacional en 7 países y centenares de personas trabajando en ellos con la misma vocación que su precursora. Cada vez que abren un centro piensa: “¡Cuánta gente va a poder tener la calidad de vida que yo busco!”.

Su lucha, desde entonces, la desempeña como empresaria y como persona sobre todo para mentalizar a la sociedad de la importancia de cuidar a los mayores y superar el miedo al paso del tiempo. Un concepto irremediable que en nuestro país se ha visto siempre de forma muy negativa. “La gente tiene pánico escénico a envejecer y lo intentan disimular. Existe un falso mito de que cumplir años es sinónimo de degeneración, incapacidad e inactividad”, afirma la  emprendedora, que considera que es una locura pensar que alguien es mayor con 65 años. “Todo el mundo puede seguir aportando su talento a la sociedad. Dejemos que los mayores también lo hagan”, añade.

Lo que desea Catalina es transmitir un punto de vista diferente de este juicio. “No puedo entender que cuando uno tiene experiencia y ha luchado, le digan que no vale y le quiten el rol”, dice preocupada. Basada en sus valores y viendo la necesidad de formación y de investigación clínica que existía en sus sector, nace la Metodología Hoffmann. Una técnica de rehabilitación física, neuropsicológica, social y cognitiva entendida como un complemento a todas las valoraciones y seguimiento médicos que tienen. Dan un paso más. “Hacemos un plan de vida de la persona y de su familia a través de ejercicios, programas y actividades. Les asesoramos hasta cómo tienen que tener preparada su casa”, explica su ideóloga.

Su línea de investigación en la neurociencia hace que el estudio de su sistema se base en el cerebro, en qué y cómo evoluciona una persona de los 40 a los 100 años. Nos recuerda que el cerebro es plástico y que con técnicas y ejercicios se puede desarrollar la neuroplasticidad en los mayores. “No quiero que cambien su vida sino que vengan para que se encuentren mejor. Mejoran mucho de una manera muy agradable”, asegura. Para conseguirlo, cuidan por encima de todo el aspecto emocional. Entiende que una persona puede estar sana pero si está sola o depresiva, es muy difícil tratar con ella. “El estado de ánimo es lo que más afecta cuando uno se va haciendo mayor. La felicidad es la mejor medicina”, dice con la voz dulce que le caracteriza.

Cada día, asegura Catalina, aprende de los mayores a los que trata. No comprende por qué se les menosprecia. Su carácter sociable, amable y cariñoso le ha ayudado a tener siempre una relación muy buena con estas personas. Especialmente con sus dos abuelas, a las que atendió y cuido hasta su fallecimiento. “Mi abuela materna jugó un papel imprescindible. He volcado mi vida por ella”, dice mientras hace memoria y recuerda algunos momentos con ella.

Otro de los aspectos que le ha sorprendido a Catalina recientemente es la capacidad de adaptación que tienen los mayores a las nuevas tendencias. “¡Me tuitean y me mandan mensajes por Facebook. El ordenador no funciona tan bien por el teclado pero las tabletas les parece mucho más fácil!, exclama. “El campo del envejecimiento es un absolutamente innovador con un futuro espectacular y en la línea de las nuevas tecnologías acabamos de empezar”, adelanta. Y ella es una de esas precursoras. Tras una dura investigación, su equipo ha creado dos aplicaciones basadas en el lema “donde la innovación se encuentra con el cariño”. Son Hero Trainer y [Re]Membr, con las que trabajan la memoria y la lógica. “Nunca nadie había pensado que una aplicación podía ayudar en la fase inicial de un Alzheimer”.

Tras tres meses de la publicación de su libro ‘Emprender soñando’, hace un balance de la importancia de tener ilusiones para poder alcanzar lo que se persigue. “Hay que intentar que se haga posible. Los sueños son riesgo, emoción, pasión y lo que te hace vibrar y lo que hace tu corazón lata a 2.000 kilómetros por hora”, concluye la impulsora de un proyecto varias veces premiado y estudiado como caso de éxito  en la Universidad de Harvard.

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