Emprendimiento/Para los niños

La originalidad tallada en bronce

Elena Fernández estaba mirando los libros antiguos y allí lo encontró. Estaba en un estante de una antigua biblioteca de una casa inglesa. No le salían las palabras. Le impresionó desde el primer momento. Rápidamente llamó a su amiga del colegio Sonia Gutiérrez con la que siempre había querido emprender: “Creo que ya tenemos algo con lo que empezar”. Las figuras en bronce de los piececitos de unos bebés les enamoraron.

Tiempo después e inspiradas en el producto que habían visto crearon Huellas de Caramelo, una empresa con el mismo concepto. Alison Fisher, la precursora de este servicio en Gran Bretaña, buscaba a algún español para trasladar su idea a este lado del Atlántico. Elena y Sonia invirtieron tres días en aprender a realizar el proceso de la escultura, se compraron la máquina adecuada y empezaron a rodar.

Sin dejar sus empleos en el sector financiero, se pusieron hace un año manos a la obra. Dedicarían las tardes y los fines de semana a lo que realmente les gustaba. Desde entonces, se encargan de ir a casa de los clientes, miman al bebé y colocan su pie o su mano en el molde lleno de acetato y agua. Tan solo un minuto y casi está listo. “Después lo preparamos con cera y lo metemos en la nevera para que se enfríe durante 24 horas. El momento más ilusionante para nosotras es cuando lo sacamos y vemos cómo ha quedado”, dice Elena recordando esos momentos mientras acaba de beberse el café. Al terminar, lo envían cuidadosamente empaquetado a Londres y allí Alison le da el último toque con resina y bronce o plata, dependiendo de lo que pida el cliente. El resultado es un tierno recuerdo que, gracias  a su peso ligero,  puede enmarcarse y colgarse como un cuadro o usarse de pisapapeles.

Las emprendedoras intuyen que lo que atrae a sus clientes de este producto es su originalidad y diferenciación. “Es un recuerdo muy especial y para toda la vida”, dice Sonia. Y es que el producto transmite dulzura y cariño y puede considerarse hasta una obra de arte. En algunos casos, es tal la sensación que provoca en el público, que piden que les retraten las manos de sus hijos con tan solo 10 días de vida o a sus perros. “Nuestra compañera Alison ha trabajado incluso con Duran Duran”, asegura Elena.

Aunque en España, los encargos no son tan estrambóticos ni reciben llamadas de personalidades conocidas, están dispuestas a realizar el trabajo que les pidan. Recientemente han tenido noticias de distintos puntos del planeta que les han sorprendido: “Mexicanos, rusos, venezolanos y puertorriqueños están interesados en llevar el modelo de negocio a sus países. Estamos hablando con ellos para acordar las condiciones. A todos les encanta el sector infantil”, afirma Elena sin poder disimular su asombro. Al mismo tiempo, están seleccionando personal para abrir franquicias en el resto de España. Tienen pensado que funcionen como la oficina central. Es decir, que el contacto con el cliente sea en nuestro país pero los últimos detalles se aporten en Londres.

Huellas de Caramelo es la prueba de que un mismo producto puede gustar al mundo entero, independientemente de sus culturas y tradiciones. “La gente quiere cosas únicas”, dice Sonia. Y ésta representa una de esas ideas que uno tiene en la cabeza pero no consigue materializar hasta que Elena y Sonia nos dicen que es posible.

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