Cuidarse

“Cuando pensamos en positivo, no tiene fin”

Al comenzar el taller, Arantza Mijares se da cuenta que falta alguno de los asistentes. Pero no le extraña. “Es muy propio de las personas que tienen ansiedad. Tienen miedo y se resisten al cambio”, explica la psicóloga. Además de trabajar en su clínica Mijares Psicólogos, casi todas las semanas Arantza organiza junto a su compañera Pilar Orenes un taller psicoeducativo sobre diversos temas: autoestima, dejar de fumar, relaciones de pareja o ansiedad, como el que presenciamos. Y es que un 20% de la población sufre este trastorno.

Arantza y Pilar trabajan con la idea de que la ansiedad es autoprovocada y está precedida de un pensamiento negativo que, normalmente, se aleja de la realidad: “cuando pensamos no puedo hacerlo o no sé hacerlo, nos estamos quitando recursos para hacerlo bien. Si piensas cosas positivas, habrá emociones buenas”, explica Pilar. “Las personas que sufren ansiedad no se paran a pensar en que son ellos mismos los que se lo han creado. Deben poner el foco dónde reside el problema”, cuenta Arantza. Esto es, precisamente lo que le enseñan a los participantes del taller.

Una de las asistentes ellas confiesa que viajar en metro le provoca ansiedad. Arantza va apuntando en la pizarra los pensamientos y sentimientos que la afectada va relatando: “no puedo bajar las escaleras, no puedo subir al vagón, siento que me ahogo”. En ese momento, la psicóloga se gira y le hace las preguntas clave: “¿qué otra cosa puedes pensar?, ¿has tenido algún accidente?, ¿te ha ocurrido algo en algún viaje?, ¿has podido entrar y salir en otras ocasiones?”. Poco a poco, y sin que la participante se de cuenta, la profesional le va aportando el “andamiaje” necesario para que sepa identificar el pensamiento negativo y saquen uno alternativo.

Las causas que pueden provocar ansiedad son múltiples: hablar en público, conocer a gente o esperar una llamada de trabajo. Y se puede manifestar de cualquier forma: contracturas musculares, dificultad para respirar, náuses, comer en exceso o incapacidad para tomar decisiones. El peligro ocurre cuando esto se mantiene en el tiempo. Es entonces cuando aparecen enfermedades fisiológicas como la diabetes o la hipertensión o no se afronta el miedo y se convierte en fobia.

Aunque estas profesionales aseguran que se puede sufrir ansiedad desde muy pequeño, las mujeres tienen un 60% más de probabilidad de padecerla. Así lo indica el Instituto de Salud Mental de Estados Unidos. “En esto influye los cambios hormonales y la educación recibida. Tenemos el hemisferio derecho más desarrollado, tenemos más habilidades del lenguaje y por tanto tenemos más tendencia a comunicar y a hablar”, detalla Arantza, quien apunta que, generalmente, coincide con otra enfermedad como la depresión.

Desde el taller y en la clínica de Arantza, intentan ejercer un tipo de psicología preventiva, con la que ofrecen herramientas a sus pacientes para afrontar su situación y reducir las probabilidades de padecer ansiedad. “Teniendo inteligencia emocional, una buena autoestima, habilidades de comunicación, sentido del humor y la suficiente asertividad se pueden resolver los problemas”, explica la psicóloga, quien destaca que estas actitudes y aptitudes se pueden entrenar.

Ambas defienden con firmeza el papel del psicólogo en la escuela para enseñarles cómo resolver sus conflictos y que este aprendizaje lo trasladen a la madurez adulta. Aunque aclaran que la ansiedad no ha aparecido en el siglo XXI, admite que “ahora vivimos más estresados porque tenemos más presiones”.  Para intentar evadirse de este frenético ritmo y controlarlo, Arantza da unos últimos consejos a los participantes del taller: “Observaos cuándo estéis sufriendo, llevad vuestra mente a otro sitio que requiera concentración y disfrutad del momento. Cuando pensamos en positivo, no tiene fin”.

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