Emprendimiento/Para los niños

“Todos los niños tienen un talento”

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Su trabajo como directora creativa en una agencia de publicidad le contagió una actitud inquieta y activa. Al hablar con ella sobre sus proyectos, da la sensación de que las ideas en su cabeza no dejan de girar, surgir y renacer. Como publicista, Nuria Pérez descubrió que podía enseñar las mismas técnicas de pensamiento creativo que utilizaba en las campañas a los niños: “cuánto más pequeños, menos formado tienen el cerebro y más fácil es insertar estos recursos”. Decidió crear Creativity Hospital, a través del cuál trabaja con empresas, particulares y niños para solucionar sus conflictos gracias a la creatividad.

Nuria acude a los colegios y le enseña a los padres, profesores y niños a encontrar soluciones creativas al problema que tienen. “Puede ser un problema de atención, de estudios o de relación con los demás”, recalca. Lo que procura es colaborar de forma integral en los centros escolares para cambiar el sistema educativo, dándole a todos los actores una formación en la misma línea. Si bien no hay tantos colegios dispuestos a transformar su modelo, existen muchas familias interesadas en aumentar la creatividad en casa, sin tener que llegar a acudir a un psicólogo. “Durante tres meses, hago sesiones con los padres y los niños de forma conjunta e individual. Me siento con ellos y hablamos de los valores familiares y de lo que se pretende transmitir”, dice mientras da el primer sorbo a su zumo de naranja.

Todas las técnicas que utiliza se basan en el pensamiento lateral. Es decir, en encontrar otro punto de vista desde el cuál no habíamos visto el problema. Propone reducir los juguetes direccionales o con instrucciones y sustituirlos por materiales como el cartón y el papel para construir sus propias cosas. “hay un hambre de encontrar cosas más simples”.

A raíz de estos encuentros con sus clientes, Nuria empieza a recibir llamadas para impartir charlas. Su participación en TED fue su punto de inflexión. En ese momento, se le ocurrió lanzar Teach a Talent, una ONG a la que dedica todo su tiempo libre. Esta idea surge de un concepto que esta emprendedora tiene muy claro: “todos los niños tienen un talento y si no prueban mil cosas, no descubrirán cuál es el suyo. Con Teach a Talent queremos que averigüen cuál es”. Y lo consiguen a través de esta plataforma. En ella participan decenas de voluntarios repartidos por cuatro continentes que enseñan su profesión o su comercio a los niños: “tenemos pasteleros, gente que tiene floristerías, meteorólogos, periodistas, escritores, fotógrafos o tapiceros”. Durante un rato, aprenden y hacen el trabajo de estas personas: maquetan un periódico, hacen fotos o plantan un bulbo. Si viven en la misma ciudad, solo hay que pedir cita y acercarse a verlos o acudir a los eventos que organizan y sino, facilitan la conversación por Skype.

También gracias a Internet, las relaciones pueden traspasar fronteras y los niños pueden aprender de otros que, quizá nunca conozcan en persona, pero que a través de organizaciones que trabajan en esos países, descubren su forma de vida. “Ven cómo sufren las niñas en Senegal al tener que recoger agua a un pozo a varios kilómetros de sus casas o lo importante que es la higiene para no contraer enfermedades como en Birmania”, explica fijando su mirada en las fotos que pasan en su Ipad.

Con la intención de promocionar y dar a conocer este proyecto, Nuria abrió un blog llamado The Adventure Archive. Cada semana dedicamos un post a hablar de un voluntario con más profundidad y contamos las posibilidades que hay para que los niños trabajen con él”, explica mientras me enseña en su tableta algunas momentos vividos con los profesionales. Asimismo, lanza aventuras globales a las que se puede apuntar madres de todo el mundo: “Invitamos a las familias de todo el mundo a compartir por Instagram fotos de street art o a descubrir el otoño en aquellos lugares en los que no existe esta estación”.

Bastan 15 o 20 minutos para atrapar la atención del niño con la profesión: “Son muy radicales. No hace falta inscribirles un año en una clase extraescolar para ver si le atrae. Cuando realmente le gusta, se le nota en la cara, hace muchas preguntas, participa en todo y quiere volver al día siguiente”, explica Nuria, recordando lo que le entusiasmó a su hija pequeña. “Le encantó la tapicería y en la carta de los Reyes Magos pidió telas vintage y materiales para hacer este trabajo”.

Al preguntarle por el boom de la búsqueda de creatividad, Nuria responde al instante, sin dudar: “surge porque no sabemos en qué van a trabajar nuestros hijos. En vez de formarles a nivel académico, lo único que podemos hacer es fomentar su capacidad de resolución de problemas. La creatividad aumenta la elasticidad mental y la capacidad de adaptación al cambio”, concluye Nuria, fiel creyente en que compartir y experimentar son las patas de la transformación.

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