Protagonistas

“Sorprendemos para hacer la vida más feliz”

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Carmen Moreno recuerda a sus abuelos Bernardino y María absolutamente implicados en el trabajo. En 1931 levantaron la primera pastelería Mallorca en la madrileña calle de Bravo Murillo con el dinero de la lotería que les había tocado un año antes. Desde entonces, se esforzaron día tras día en mantener uno de los locales más emblemáticos de la ciudad. Hoy, su nieta Carmen continúa con el legado y celebramos con ella el Día de la Mujer.

Mientras que el 80% de las pequeñas y medianas empresas fracasa antes de los cinco años, Mallorca cumple ya 83 años. Carmen asegura que hacer las cosas bien permite seguir entre los primeros puestos. Tal es su exigencia que en el último producto que lanzaron, el eclair, trabajaron cuatro meses hasta que saliera perfecto. “Elaboramos en nuestro obrador productos ricos que ese mismo día consumirán nuestros clientes y les sorprendemos a menudo con cosas nuevas, productos y servicios que les hagan la vida más fácil y un poco más feliz”, dice desvelando parte su secreto.

Tras los años de trabajo al frente de su empresa, Carmen se sitúa en el podium de Mallorca. Su humildad, naturalidad y el deseo de tenerlo todo bajo control le hacen estar alerta cada instante. Tanto que come casi todos los días en alguna de sus tiendas, donde aprovecha a reunirse o hablar con otras personas. Así de cercana se muestra esta directiva relacionada con el marketing, la imagen y la creación de nuevos productos. Ahora le dedica parte de su tiempo a las relaciones institucionales y además, como copropietaria, tiene sus obligaciones, “que no son nada fáciles con los tiempos que corren”. Sin dudar admite que ésta es una crisis igual o más dura que la guerra pero no desiste. Mira al futuro con más ánimo, si cabe.

Desde el inicio de la conversación, el cliente se transforma en el protagonista. No olvida que él es el centro de su mundo. Prácticamente todas las palabras de Carmen se enfocan a su público, el cual quieren que “se sienta cómodo, bien recibido y que encuentre cosas ricas que le apetezca tomar o comprar”. Y por qué, no dice, ofrecerles pequeños lujos diarios asequibles.  Y eso, en parte, se consigue con un servicio tan impecable e intachable como el de estos locales. “A la gente que trabaja con nosotros sólo les exigimos que les guste su trabajo, y así lo harán bien”, dice refiriéndose a los 650 trabajadores de la compañía.

“Lo bueno de las empresas familiares es que te permiten transmitir los valores por los dos caminos: la empresa y la familia”, explica recordando aquellos que les dijeron sus padres, tíos y abuelos. Encontrar el equilibrio entre ambas ha sido difícil y hace años ni existía. Ahora los límites están bien dibujados. “Mi padre y el resto de la familia disfrutaron mucho con esta empresa y es lo que nos han transmitido. Es estupendo hacer pasteles, bombones y hacer que tus clientes también disfruten con lo que tú elaboras”, dice mientras posa en una de las mesas que más le gusta para tomar su desayuno.

Carmen también recuerda varias veces en la entrevista a su hijo Carlos, el único de la cuarta generación que trabaja con la familia y que, al conocerle, impresiona su entrega al negocio y su capacidad de adaptarse a las necesidades y a los cambios. Precisamente fue a él a quien se le ocurrió una de las ideas más innovadoras de la empresa, Mallorca Express, con el que sacan al coche del cliente su pedido, sin necesidad de que éste aparque. A su madre le gusta que trabajen juntas personas de distintas edades porque “da mucha visión de lo que la gente busca y de por dónde van las tendencias”. Pero, recalca, no hay que olvidarse de qué es lo que ha llevado hasta el momento actual y de sentar las bases para el futuro. La tecnología se ha convertido, por tanto, en su cimiento.  “La tienda on-line, las redes sociales, la telefonía, al final todo va unido, es el mundo actual”, explica quien habla con mucha cautela de la próxima apertura de tienda en Japón, en el que se embarcan con muchas ganas.

Entrar en Mallorca es sumergirse en un local acogedor y bonito, es coger una pizarrita para apuntar los maravillosos regalos que nos vamos a llevar a la boca. Es poder elegir entre cientos de colores, sabores y más de 1.500 tipos de productos que, cuidadosamente sus trabajadores empaquetan con el deseo de que en nuestras casas disfrutemos tanto de ese momento como en esta legendaria pastelería.

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