Cuidarse

“La alimentación era mi gasolina”

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Durante las 10 horas diarias de entrenamiento, Gemma Mengual y su equipo siempre tenían comida a su disposición. “Pasábamos mucho tiempo entrenando y nunca faltaban barritas energéticas, agua y bebidas isotónicas con minerales y azúcar”. Así lo recuerda en el showcooking que Scolarest organiza con el objetivo de dar a conocer recetas fáciles para los niños bajo el lema ‘Comer, aprender, vivir’. “La alimentación era mi gasolina”, añade.

La exnadadora, muy unida a Scolarest durante los 15 años que pasó en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, recuerda lo que descubría al salir de la piscina: “Ibamos al comedor y estaba todo el buffet preparado. Siempre había platos muy variados”. Y añade: “Esta alimentación me ha servido como deportista, como mujer y ahora como madre”.

Scolarest trabaja la educación alimentaria en 1.200 comedores escolares. Reparten tantas comidas como para llenar el estadio Santiago Bernabeu 2,3 veces. Para mantener la calidad, se apoyan en dos patas: ofrecer menús que ayuden al desarrollo del niño y convertir el comedor en un entorno educativo. Intentan, desde su experiencia, mentalizar a los padres que de las cinco comidas diarias recomendadas, solo una se lleva a cabo en la escuela y que es de éstos la responsabilidad de continuar con una dieta adecuada. A la hora de comer los niños ingieren el 35% de los nutrientes, por lo que es imprescindible completar el porcentaje restante de forma adecuada. Recordemos que el 45% de los niños españoles entre 6 y 9 años sufren obesidad o sobrepeso.

Gemma Mengual ha comenzado, desde hace tres años, una nueva etapa con sus hijos, en la que tiene que descubrir qué alimentos darles y cómo ofrecérselos. “Intento transmitir los valores aprendidos a mis hijos pero lo que más les cuesta son las verduras, legumbres y frutas”.  De las 36 medallas que ha ganado, la que más le gusta es cuando sus hijo mayor le dice: “¡qué bueno está este plato mamá!”.

Desde Scolarest recomiendan que se permita a los niños acercarse a la cocina y participar en la preparación de la comida con pequeños gestos. Gemma lo sigue a rajatabla y su hijo mayor muestra mucho interés. “Se sube al taburete de la cocina y mira lo que hago mientras le cuento el plato que va a comer. Abrimos juntos la nevera, miramos lo que quiere y cogemos los alimentos”, explica la deportista, que confiesa que pica mucho entre horas.

La embajadora de Scolarest aconseja a las madres que no tienen tiempo para preparar la comida a sus hijos que lo que les den, al menos, sea sano. “A mí me gusta comprar en sitios en los que conozco los ingredientes de sus alimentos”, dice mientras recuerda los establecimientos. Además como deportista de élite, Gemma pronto se dio cuenta que la alimentación mide el rendimiento y evita lesiones: “he visto casos de desnutrición que un día cualquiera se rompían un hueso”. Por eso se sigue cuidando y educa a su familia en los hábitos más sanos.

 

 

 

 

 

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