Emprendimiento

La magia de pisar con respeto

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Raquel Jiménez acudió a una feria ecológica sin saber que de allí saldría con una idea para crear su propia empresa. En ese evento encontró los zapatos ecológicos que buscaba pero al saber que solo los vendían en Barcelona, Raquel pensó que Madrid necesitaba un local con estos productos. De aquello han pasado siete años, los mismos que lleva en pie Ecozap.

Son zapatos vegetarianos, hechos con material reciclado como el corcho, algodón biológico o neumáticos reutilizados. “El corcho es novedoso en calzado pero como la industria del corcho ha
dejado de producir tapones de botellas de vino, se han buscado otras utilidades”, explica. El látex natural ha sido la suela de crepé utilizada desde hace años. Ahora lo que se usa en el calzado convencional es caucho vulcanizado procedente del petróleo.

Con Ecozap, nos damos cuenta de que el reciclaje, lejos de ser cutre o pobre, convierte elementos en zapatos bonitos y cómodos. “Tenemos muchas sandalias de suela de coche recicladas y que son muy duraderas. ¡Hay que andar tanto como un coche para gastarlas!”, dice con alegría por el descubrimiento. “Hemos tenido botas de suela de camión reciclado que gustaba mucho a los clientes que tenían moto porque frenaban muy bien”, añade satisfecha de estos descubrimientos.

La responsabilidad de Raquel va mucho más allá de las certificaciones oficiales para comprobar que los zapatos que vende no tienen componentes tóxicos. “Yo pido certificaciones a los proveedores, que las pieles sean 100% de curtición vegetal, libres de metales pesados como el cromo u otros metales como el titanio”, dice. En el calzado convencional, encontramos elementos como el cromo III que se utiliza
en el proceso de curtición.

Esta emprendedora cree que es necesario pensar antes de fabricar porque es posible hacer todo el proceso sostenible. Ella lo consigue. Las empresas fabricantes y productoras suelen ser proyectos sostenibles en su conjunto. “Funcionan con energía renovable, cajas de cartón reciclado, suelas biodegradables, evitan el uso de pegamentos y los sustituyen por el cosido”, cuenta.

Raquel traslada esta filosofía a todos los elementos de su tienda. El etiquetado y el transporte son lo más ecológico posible. Utilizan energía eléctrica de fuentes renovables, las cajas son de cartón reciclado, los cordones son de algodón orgánico. “Las bolsas de embalar se han impreso con tintes ecológicos”, añade. Hasta la web es respetuosa con el medo ambiente compensando las emisiones de CO2: “Se valoran los colores, el fondo de pantalla, la cantidad de información en la página. Son criterios de programación”, detalla la fundadora.

Al ver los zapatos expuestos, casi nada nos hace pensar que tienen una gran filosofía ecológica. Aparentemente son como todos. Sandalias, botas, zapatos de niños y de hombre se exhiben en las baldas de Ecozap. Pero es precisamente el valor que esconden lo que les distingue. “Además de ser más duraderos y por tanto, más económicos a la larga, son más transpirables y estar en contacto con materiales ecológicos es más agradable al tacto”, dice. Y esto es lo que, asegura, gusta a sus clientes. Hay personas que nos piden que las suelas no sean aislantes de la electricidad. Y es que sus clientes, además de ser respetuosos con el entorno, algunos tienen enfermedades como Sensibilidad Química Múltiple.

Afirma que siempre ha estado concienciada con el respeto al medio ambiente pero al introducirse de lleno en este sector, se ha informado mucho más: “Ahora soy más consecuente, soy consumidora ecológica en todo”.

Tal es su excelente trabajo que en 2012 Raquel ganó el premio de PIEC a la mejor propuesta de minimización de la huella ecológica en el sector del calzado. Pero lo que más le llena es recibir el agradecimiento de sus clientes: “Cuando te piden algo que no encuentran, se lo buscas y vuelven a darte las gracias. Cuando te piden algo para familiares o amigos porque se lo recomiendan. Los clientes satisfechos son la mejor compensación”.

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